Sé solidario y contribuye a reducir la difusión del covid


Tengo que reconocer, en primer lugar, que a lo largo de la evolución temporal de la pandemia de covid-19 hemos tenido que cambiar de opinión en algunas ocasiones, ante las evidencias disponibles sobre la infección por el nuevo coronavirus y su epidemiología, pero, como habitualmente se dice, rectificar es de sabios, y difícilmente se consiguen resultados distintos si siempre se hace lo mismo.

La pandemia producida por el SARS-CoV-2 nos ha demostrado que los conocimientos previos sobre el comportamiento de los agentes patógenos pueden no ser correctos, que hay que monitorizar estrechamente el comportamiento de las infecciones emergentes y que no necesariamente se siguen patrones preestablecidos.

Cuando se inició la pandemia, en China central, muchos creímos que el impacto en nuestra población sería mínimo, de forma parecida al SARS o al MERS, sus coronavirus antecesores en el paso de infección animal a humana. En España solo tuvimos un caso de cada una de estas infecciones y el panorama se mostraba favorable. La afectación de Corea, Hong Kong, Japón y, más tarde, Irán nos mostró cuán equivocadas eran nuestras predicciones. El impacto sobre Italia fue el precedente inmediato de nuestra afectación y, hasta ahora, el número de casos a nivel mundial y los números máximos de afectados se superan cada día.

La epidemiología de las infecciones por el nuevo virus SARS-CoV-2 es compleja y no conocida todavía en su totalidad, el papel de los infectados asintomáticos, la supervivencia del virus fuera del cuerpo humano, el número de virus necesario para producir una infección o la capacidad de permanecer infectivo en superficies son aspectos sobre los que es necesario profundizar. Uno de los puntos candentes del debate científico en este momento es la capacidad de transmitirse mediante aerosoles de forma habitual o, como parece más probable, que determinadas circunstancias de hacinamiento y escasa renovación del aire faciliten la extensión de las gotas respiratorias a distancias muy superiores a 1 metro.

Sin embargo, uno de los puntos sobre el que existe un amplio consenso es el conjunto de medidas que se deben adoptar para reducir la probabilidad de infección; el uso de mascarilla, junto con la distancia social de seguridad, la higiene de manos y la higiene de la tos son un paquete completo de medidas preventivas que deben ser implantadas para evitar transmisiones.

Los estudios publicados, tanto en SARS como en MERS, muestran una reducción significativa del riesgo de infección cuando ambos, infectado y susceptible, portan mascarilla. Aunque los estudios muestran una reducción ligeramente superior con uso de mascarillas autofiltrantes de alta eficiencia, no existen estudios comparativos a la vez en los mismos grupos, no pudiendo establecerse un mejor resultado.

El uso de mascarilla quirúrgica/higiénica en la población general, en los ámbitos públicos abiertos o cerrados, en este momento constituye una medida básica de prevención de las infecciones por SARS-CoV-2, y de solidaridad social. Evitamos que nos contagien pero también, fundamentalmente, evitamos ser fuente de infección para otros. Además, puede ser utilizada sin temor a complicaciones incluso por personas con patologías como asma o EPOC.

Sé solidario, usa mascarilla en tus contactos sociales y contribuye a reducir la difusión del covid-19.

Por Víctor del Campo Jefe de Medicina Preventiva del Área Sanitaria de Vigo

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