Sánchez vende su fiasco como un éxito

J. Hellín. POOL

El impúdico espectáculo de autobombo organizado por los vendedores de cuentos dirigidos por el publicitario monclovita para recibir a Sánchez como si fuera un nuevo cruzado que regresa de Tierra Santa de combatir a los infieles con un botín de 140.000 millones de euros metido en sus alforjas solo cabe en la cabeza de quienes desprecian la inteligencia de sus compatriotas. Es decir, de quienes pretenden vender como un triunfo la expresión más obvia de un fracaso clamoroso.

Pues la razón por la que Sánchez volvió de Bruselas con esa ingente cantidad de dinero -que no era, en todo caso, ni en su montante ni en su reparto, entre prestamos y ayudas, la que esperaba obtener el Ejecutivo- no reside, según proclaman sus entusiasmados corifeos, ni en la habilidad negociadora del presidente español, ni en la seguridad que genera su gobierno Frankenstein, ni en el apoyo de los compañeros ideológicos en Europa del PSOE o de Podemos: Sánchez fue un convidado de piedra en la cumbre de Bruselas, su Gobierno produce entre la mayoría de los miembros de la UE la misma confianza que los relojes que venden los manteros y el acuerdo final del Consejo Europeo es incomprensible sin tener en cuenta el decisivo papel jugado por quien -Angela Merkel- era hasta hace nada la bestia negra del izquierdismo europeo, que ahora ve en ella una especie de Keynes reencarnado en cuerpo de mujer.

No, la única razón por la que España salió tan bien librada del reparto de fondos de la UE la explicaba aquí, con meridiana claridad en un artículo magnífico, Xosé Luis Barreiro hace tres días: porque «somos los que atravesamos una situación más desastrosa» y «porque ya no tenemos ninguna capacidad de maniobra para corregir el rumbo con nuestros propios medios».

Ese es el gran éxito del cruzado Pedro Sánchez: lograr más dinero que nadie solo porque nuestro es el país que necesita más ayuda de la UE como consecuencia de la desastrosa gestión del propio presidente. Cuando comenzó la pandemia Sánchez había ya debilitado nuestra posición fiscal y financiera, pero su catastrófico retraso en hacer frente al covid-19 y los gravísimos errores de sus medidas (Fernando Simón, sabio oficial, recomendó durante semanas no usar las mascarillas que hoy son obligatorias en gran parte del planeta) determinaron la adopción durante meses de un confinamiento draconiano («el más drástico del entorno de Europa», según el ministro de Interior) cuyas consecuencias serían devastadoras para nuestra economía.

Con un manejo vergonzoso de RTVE, Sánchez pretendió salir indemne de las muchas calamidades provocadas por su irresponsable y errática gestión de la pandemia, que ahí sigue haciendo estragos. Tras ello quiere ahora convencernos de que los fondos concedidos por la UE no son la directa consecuencia de los males que no supo evitar, sino parte de los muchos bienes que han llegado a España de su mano, una invención más insufrible, si cabe, aún, que la anterior, pues supone un verdadero regodeo en el engaño.

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