Michelle Obama y los Conguitos


La historia de Michelle Obama es de película. Pero contada por ella misma tiene mucho más interés, tal y como se puede ver en el documental que ahora emite Netflix. Michelle, que no es precisamente una mujer minimalista, apuesta por sacarse brillo empoderándose en esa fuerza interior que le viene de su bisabuela esclava y de un abuelo que le enseñó que un negro no es un ser invisible. Esa certeza la empujó a crecer desde pequeña, cuando veía que los blancos se iban de su barrio porque allí residían personas como ella, con otro color de piel. Michelle sufrió también de adolescente que una orientadora escolar le dijera en el instituto que la universidad de Princeton era demasiado para una mujer de su condición y tuvo que enfrentar cómo la madre de una de sus compañeras de piso ponía el grito en el cielo por el hecho de que su hija conviviera con una negra. Hay que ver el documental de Michelle Obama para entender que lo peor del racismo deviene en personas como ella en una suerte de superpoder capaz de vencer los mayores obstáculos que la vida te pone en el camino; y que sin esa capacidad de mirarse bien por dentro es imposible sobrevivir. Esa fuerza está en todos los que ahora comprendemos que «los negritos» no son un envoltorio gracioso de una chuche que podamos llevarnos a la boca. Pero algo me dice que Michelle jamás se atragantaría por comerse un Conguito.

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