El patinete mató al Segway


En el mundo de la tecnología nada es inmutable y todo cambia a velocidad de vértigo: estos días nos enteramos de que Segway deja de fabricar su mítico vehículo de autobalanceo y Olympus abandona su división de cámaras fotográficas para centrarse en equipos médicos.

Segway presentó su modelo PT (siglas en inglés de transportador personal) en el 2001, cuando la movilidad alternativa era casi una entelequia. Aquel artilugio con dos grandes ruedas laterales, una plataforma de rotación giroscópica controlada por ordenador y una especie de mástil para agarrarse causó sensación. Podía alcanzar 16 kilómetros por hora pero sobre todo infundía a sus usuarios un aire de superioridad, pues mientras el común de los mortales tenía que conformarse con ir a pie ellos se deslizaban como si fueran sobre una alfombra voladora. La autonomía no era para echar cohetes -entre 9 y 16 kilómetros- y la recarga de sus baterías de níquel-metal hidruro (Ni-MH) podía tardar hasta seis horas. La compañía norteamericana tuvo que lanzar un parche para el software porque los incautos que ignoraban las advertencias de batería baja acababan por los suelos.

Los segway se hicieron populares como reclamo comercial y turístico -en A Coruña, por ejemplo, la compañía Eco-Lógica organiza rutas guiadas por la ciudad con ellos- y también en el sector de la seguridad, ya que permite a los vigilantes desplazarse con comodidad y rapidez por grandes naves industriales. Pero esperaban vender 50.000 unidades y en dos años apenas habían despachado 6.000. El elevado precio (5.000 euros) tampoco jugaba a su favor.

En el 2010 la empresa fue adquirida por el millonario británico Jimi Heselden, quien ese mismo año falleció por las heridas sufridas tras caerse de un segway. Una mala publicidad. Pero el golpe de gracia fue la aparición del patinete eléctrico, mucho menos aparatoso, con prestaciones superiores y asequible a casi todos los bolsillos. Hace cinco años la firma fue adquirida por Ninebot, una startup china participada por Xiaomi, que ahora acaba de decidir el fin de la producción del PT y el despido de los 21 empleados de la planta donde se producía, en Bedford (New Hampshire). Fin de la historia.

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