Nueva normalidad: ¿El cambio es temporal y reversible?


¡Ojalá cambiase el mundo!

Dice la razón que el mundo será distinto después de haberse enfrentado a esta pandemia, sin embargo, recuerda la historia que, después de guerras que se cobraron miles de vidas por dinero, de injusticias sociales que descubrieron la fragilidad de conciencias solo por conveniencia y de sociedades abandonadas a su suerte en medio de la escasez del desierto o del terror de la guerra, el mundo continúa moviéndose por instintos que no se detienen ante la injusticia con tal de satisfacer deseos, y por comportamientos egoístas camuflados bajo nobles valores que permiten, con la cabeza alta, disimular el deshonor. Si guerras por petróleo y privilegios cimentados en argumentos de raza o billetera, han hecho el discurso más bonito pero el contenido más feo, ¿cambiará esta pandemia algo, en nosotros o en el mundo, que no sea temporal y reversible ? Luis Cabaneiro Santomé. Lugo.

El hospital que nos merecemos

A Coruña está ante la gran oportunidad de tener un hospital del siglo XXI, tontos seriamos si la dejáramos escapar aceptando un viejo hospital remendado, obsoleto, inaccesible, con grandes barreras arquitectónicas, difícil comunicación entre edificios, complicada accesibilidad para servicios contra incendios, y un largo etcétera. Convirtiéndose en un laberinto para los usuarios en un entorno abrupto con escaso aparcamiento libre. Hagamos memoria: la ampliación del hospital comienza hace 20 años y sigue sin ejecutarse la tercera fase del plan director, ahora proponen otra ampliación queriendo hacerla pasar por un nuevo hospital.

Existen alternativas para hacer un centro nuevo, como los terrenos de la antigua Fábrica de Armas. Quizá uno de los motivos por los que no se quiere acometer esta obra nueva es porque pasarían años hasta su completa ejecución y quedaría en evidencia si resulta ser una promesa como la ampliación nunca concluida. Haciéndolo sobre el actual se disimula porque las obras son internas.

Seguimos siendo una ciudad de segunda con respecto a otras urbes gallegas, como por ejemplo Lugo, siendo esta un área sanitaria con mucha más población, convirtiendo esta ampliación en un drama para las familias que pretenden expropiar. María del Rocío López Real. A Coruña.

Volver a lixar as rúas

Teño a sensación de que haberá que falar dun concepto da felicidade de antes de e de despois de (o covid-19). Eu cría que esa percepción que tiña de que habitabamos nunha certa abundancia xa nos era suficiente. Mais parece ser que a desconfianza do que nos agarda neste despois de aparenta levarnos de cabeza a un desenfreo colectivo. E todo, pola ansia de alcanzar esa idea suprema de seguridade. De aí esta esaxeración xeral de procuralo todo fóra. No exterior. E de aí tamén o meu absoluto pesimismo de cara a este «despois de». Porque ante o pouco camiñado ata o de agora, nada me empurra a percibir que outro respirar diferente é posible. Manuel i. Nanín. O Carballiño

 La volatilidad de las noticias

Estamos en una sociedad tan consumista, que hasta las declaraciones importantes duran, como mucho, 48 horas. Ahora que ya dejamos de aplaudir todas las tardes a nuestro personal sanitario, ya nos estamos olvidando de lo que hemos pasado. Hasta no hace mucho sabíamos que teníamos, a medias, la verdad en la información. Hoy en día los sanitarios siguen quejándose amargamente de su cansancio tanto físico como anímico por seguir careciendo de medios con que afrontar una resurrección del virus. Desde la más profunda impotencia ven como puede volver a abrirse la caja de Pandora. Y no están mucho mejor que antes. Ellos miran por y para todos. Yo me pregunto ¿qué sienten sus familias cuando van a trabajar, teniendo en cuenta todo lo que conlleva su riesgo cada vez que ejercen su profesión? Cuando veo a alguien de este colectivo quejarse de la falta de medios se me revuelven las tripas. Somos números. Si hablamos a lo román paladino, tenemos que aceptar que sobramos algunos millones Pero si tenemos que irnos, que los que queden digan con orgullo que los que faltan fue por mala suerte, no por desidia. Por una vez en la vida, a los que mandan, ¿pueden dejar de vernos como números, y sí como seres humanos? Como también les gusta que los miren a ellos. Andrés Nidágila. Pontedeume

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