No, los jóvenes no somos el problema


Somos jóvenes, no un problema

Como miles de jóvenes en España pertenezco a esa generación, que, definitivamente, va a vivir peor que sus padres y sus abuelos. Somos la generación marcada por las crisis. Cuando éramos adolescentes o comenzábamos nuestra andadura universitaria, la mayor recesión económica que se recuerda se metió de lleno en nuestras vidas. Truncó de lleno las esperanzas de unos jóvenes que veían como sus estudios que estaban cursando podrían no asegurarles un futuro laboral digno, como así se les había prometido durante tanto tiempo. Fueron años muy duros hasta la llegada del fatídico 2020. Estábamos acabando nuestras carreras, insertos en el mundo laboral, con ganas de comernos el mundo, con planes de futuro hechos… y de golpe y porrazo vemos como todo lo que nos habíamos ganado con el sudor de nuestra frente se nos ha arrebatado sin que podamos evitarlo. Estamos de nuevo ahogados por el vislumbramiento de una nueva crisis (más dura que la anterior). A todo esto, se suma lo que tenemos que escuchar día a día durante esta desescalada y es que, se nos ha catalogado por parte de la sociedad como los culpables de que pueda haber nuevos rebrotes. Que si la juventud no está concienciada, que si nos saltamos las medidas de seguridad, que si por el hecho de ser y sentirnos jóvenes fuésemos unos inconscientes. Pues no, me niego a que la juventud española, tan preparada, tan trabajadora, tenga que cargar con esa losa sobre su espalda, especialmente porque no es verdad. Los jóvenes somos mucho más que unos inconscientes y unos egoístas, somos parte fundamental de la solución de esta nueva crisis. No, señores; no la hemos causado los jóvenes. Tampoco la de 2008 fue por culpa nuestra (sin embargo, fuimos los que más la sufrimos). Dejémonos de culparnos los unos a los otros y rememos juntos en una misma dirección, no busquemos culpables mas allá de nuestro propio cuerpo y pongamos cada uno nuestro granito de arena para salir lo mejor posible de este agujero en el que nos encontramos. Y tengan una cosa por seguro, si el futuro está en manos de la generación marcada por la crisis, en manos de los jóvenes españoles, les aseguro que tendremos un porvenir especialmente bueno para nuestro país. Iván Benavides. A Coruña.

 Los políticos y Alcoa: parece mentira 

Parece mentira pero es verdad. No sé entiende que haya que cerrar empresas y que tanto el Gobierno autonómico como el nacional ni se inmuten. No va con ellos. No se dan cuenta lo que supone que cierre una compañía: miles de familias que no van a tener ningún ingreso. Afecta a los empleos directos y también a los indirectos, que tanta falta hacen. Y en este caso a Galicia. A toda Galicia. Y el que piense lo contrario está equivocado. No afecta solamente a la zona de A Mariña. Los países que con industrias tienen un tesoro que proteger. Como sea. No parece normal que para defender sus puestos de trabajo solamente salgan a manifestarse los trabajadores de las empresas en crisis y los alcaldes de los pueblos a los que afecta la medida. ¿Dónde está el presidente de la Xunta, o su delegado? Dónde los presidentes de las cuatro diputaciones? ¿Los alcaldes de las ciudades gallegas? ¿Y los candidatos a representarnos en la Xunta, dónde están? ¿En casa? Ahí se está muy bien sobre todo si a fin d e mes tienen el sueldo garantizado. Quizá está mal visto porque puede que reste votos, pero primero es el pueblo que es al que representan y es el que les vota. Hay que luchar para que no cierren empresas. Y moverse. Todos juntos, y cuando digo todos es todos, independientemente del color político. Por favor a ver si pueden ponerse todos los políticos de acuerdo para defender Alcoa. Y que el presidente gallego Núñez Feijoo consiga junto con el presidente de España anular los despidos y la destrucción de los empleos en Galicia. De nada vale una subvención porque con ella lo único que se hace es tapar parches. María José Sanmartín. Salceda de Cadenas (Pontevedra).

 

 Maximino Cacheiro

Era un hombre especial con un toque de excentricidad que lo hacía muy tierno. También un hombre honesto y bondadoso. Y sobre todo un hombre sabio. Muchos recuerdos se solapan en mi mente: las clases de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Vigo, los encuentros en el comedor de la Facultad de Filología y Traducción, sus frases anhelosas y su mirada nostálgica hacia el abismo. Más aún están y continuarán, sus divertidas ocurrencias al inicio de cada clase o también su manera engolada de recitar. Creo que el profesor Maximino Cacheiro había construido un mundo interior fuerte y bien consolidado. En ese mundo estructurado en verso, vivía tranquilamente mientras discurría por los canales de la estética. Lo echaremos mucho de menos profesor. Paula Reyes. Vigo.

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