Por un nuevo contrato social


Como consecuencia de la pandemia covid-19 estamos asistiendo a una crisis sin precedentes, por su carácter global y porque la sanitaria ha desencadenado simultáneamente una crisis económica, social, de cuidados, de empleo devastadora cuya reconstrucción requiere de respuestas extraordinarias.

Para mitigar estos efectos, los gobiernos están planteando importantes paquetes de estímulo económico, los mayores de la historia reciente. Lo que abre la oportunidad a una necesaria y distinta respuesta de la gestión de la crisis con respecto a la de 2008, empezando por el ámbito internacional. «Gasten. Hay que salir de esta crisis» es el mensaje del Fondo Monetario Internacional. Muy alejado del discurso del control del déficit fiscal de la Gran Recesión. Asimismo, su directora gerente, Kristalina Georgieva, ha señalado que medidas como «el ingreso mínimo español son un buen instrumento por la igualdad».

Europa aborda un debate crucial en las próximas semanas, si es aceptada la propuesta de la Comisión Europea de movilizar 750.000 millones para la reconstrucción -500.000 en subvenciones y 250.000 en préstamos- y un presupuesto plurianual 2021-2027 de 1,1 billones por los estados miembros. Un paquete de estímulo inaudito que deberá ampliarse de prolongarse los efectos de la covid-19. Decisiones que resultan cruciales para definir la capacidad de respuesta y cohesión de la Unión Europea.

De manera generalizada se señala la necesidad de aprender lecciones de esta pandemia, se dice que nada volverá a ser igual, se apuntala el discurso de la oportunidad en términos económicos, sociales y ambientales. Todo ello no es algo que sucederá de manera espontánea o natural, el cambio y las oportunidades no se materializan solas. De la capacidad de construir un nuevo contrato social y ambiental ambicioso, que promueva reformas amplias e innovadoras en beneficio de las mayorías sociales, que cuente con participación amplia de actores sociales, dependerá cómo se saldrá de esta crisis, donde se situará el país en el próximo período y su capacidad para hacer frente a las posibles crisis que puedan venir.

Reconstruir las economías, pero no de cualquier manera. Para España -como para Europa- el proceso de reconstrucción social y económica debe abordar las transformaciones pendientes derivadas de un mundo en transformación, así como hacer frente a retos y desequilibrios existentes. La revolución tecnológica, la inaplazable transición energética y ecológica hacia una economía baja en carbono, los desequilibrios demográficos, la evolución creciente de las migraciones, las demandas universales para poner fin a la discriminaciones y desigualdades de género, así como el aumento de la pobreza laboral. Megatendencias en curso, que con la pandemia se han visto aceleradas.

Construir una mejor normalidad significa un nuevo enfoque. La urgencia de una salida verde para la reconstrucción económica que persiga los objetivos de una política energética y climática ambiciosa al tiempo que contribuya a relanzar la industria como un eje de crecimiento del empleo de calidad y de relocalización de empresas, una protección social robusta, la inversión en cuidados, la reforma del sistema educativo y la formación permanente para no dejar nadie atrás son ejes claves que la reconstrucción debe abordar.

Por Judith Carreras Consejera de la oficina de la OIT para España

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