Ruiz Zafón y la tarta de manzana


Abordo este artículo lleno de dudas sobre un tema candente y algo incómodo, la muerte de Ruiz Zafón. Antes, lo bueno de morirte era que todo el mundo que hablaba de ti lo hacía bien, aunque fueras un indeseable. Ahora lo malo es que habla todo el mundo, y casi siempre mal. Partamos de una base: escribir un libro, hacer una mesa de comedor o una tarta de manzana está muy bien, forma parte de la actividad vital y la creación. A lo mejor el libro te sale cursi, la mesa coja y la tarta quemada, pero tú no te metes con nadie, solo empleas tu tiempo en lo que te da la gana. Ahora bien, si el libro -que es lo que nos interesa- vende y vende y vende, y su autor se hace rico, se alzan voces airadas contra él -entre ellas, vaya por Dios, la mía-, como si fuera un timador que ha vendido diez millones de ejemplares con un engaño. Pero el acto en sí ha sido mucho más simple. Lo que ha vendido es un solo libro a una única persona. Nada más. Un acto sencillo que se ha ido repitiendo muchas veces. A mí La sombra del viento se me parece más a la tarta de manzana que a la mesa, una tarta de manzana empalagosa, plena de aliteraciones, rezumando sentimiento, donde los libros tienen alma etcétera etcétera. Aunque yo no creo que Ruiz Zafón mereciera nada malo por escribirlo, la verdad. A mí siempre me da alegría que haya personas que ganen dinero escribiendo ideas en un papel, contando historias. Me parece uno de los oficios más inútiles, ancestrales y hermosos del mundo. El que eligió Ruiz Zafón.

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