De aquel Zapatero vienen estos lodos


Que José Luis Rodríguez Zapatero ha sido el peor presidente del Gobierno de la democracia es algo poco discutible. Su inesperada llegada al Ejecutivo tras el mayor atentado terrorista de la historia de España le situó en la Moncloa sin tener ni la experiencia ni la capacidad política para ejercer el cargo. El resultado fue un mandato basado en un aparente buenismo pueril -el talante-, pero trufado en realidad de adanismo, irresponsabilidad diplomática e insensatez económica que acabó, tras un golpe brutal con la realidad, con Zapatero abjurando de todo lo hecho y lo dicho, obedeciendo las órdenes de Obama, de Merkel y hasta del chino Hu Jintao, para evitar que su negación de la realidad de la crisis dejara a España en el barranco de la historia y dañando de paso irremediablemente a toda la Unión Europea. Hasta ahí, los hechos. Lo indiscutible.

Pero hay otro legado de Zapatero incluso más dañino para España. Fue él quien sembró la semilla y la regó para que crecieran con vigor los brotes de los mayores problemas que afronta en este momento nuestra sociedad. Suya es la responsabilidad de avivar una división entre los españoles, que ya estaba superada, con un regreso al guerracivilismo y un cuestionamiento permanente de la concordia surgida de la Transición. Y suya es también la irresponsabilidad de comprometerse a apoyar cualquier estatuto que aprobara el Parlamento catalán, lo que dio alas al independentismo insolidario, que acabó en el golpismo del 1-O.

Tras una herencia tan nefasta, de la que solo cabe rescatar la ley de matrimonio homosexual, lo esperable hubiera sido que Zapatero emprendiera un retiro discreto y autocrítico, aportando una reflexión para que los errores que él cometió no se repitan. Pero, lejos de ello, sigue empeñado en avergonzar a los españoles y a los propios socialistas con declaraciones impropias de un demócrata. Hay un vídeo espeluznante del 15 de mayo en el que, rozando el delirio, llama a la izquierda europea y latinoamericana a aliarse ¡con China! para poner a Estados Unidos «en una situación imposible». Zapatero es también el único dirigente occidental que defiende con pasión la narcodictadura de Nicolás Maduro, sin que sus motivaciones estén aclaradas. Y el pasado lunes, indignado ante la idea de que el PSOE intente pactar algo con Ciudadanos y abandone la alianza con el comunismo de Unidas Podemos, el independentismo de ERC y la herencia de ETA de EH Bildu, dijo que el partido naranja es «uno de los peores experimentos de la democracia».

Zapatero estaba haciendo sin duda lo que en psicología se conoce como proyección, porque el peor experimento de la democracia, cuyas consecuencias sufrimos ahora, fue su Gobierno sectario y mendaz, del que vienen estos lodos populistas y separatistas. Sánchez empieza a darse cuenta del error que cometió al seguir su camino alentando la división entre españoles, fomentando a los antisistema, aliándose con los enemigos de la Constitución y negando la realidad económica. Es de esperar que no sea demasiado tarde. Ni para él, ni para España.

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