Economía e industria siempre con Europa


Noticias recientes podrían resultar atractivas para reflexionar sobre el país en que vivimos: un exministro de Interior repartidor de condecoraciones pensionadas, incluso a santos, rompiendo un off de record con el papa emérito para anunciar los designios del diablo para España. O todo un cardenal que, en estrafalaria defensa de sus principios, hace gala de tremenda ignorancia sobre la medicina, la investigación o las vacunas.

Otra reflexión confirma un nuevo revés de la España abandonada. Cantabria no logra el Centro Europeo de Predicción Meteorológica que, brexit por medio, abandona Gran Bretaña. Centro que permitiría acoger unos 250 investigadores en el edificio histórico de la Universidad Pontificia de Comillas. No siendo de valor para ello la acreditada tradición científica en Astronomía y Meteorología de la Compañía de Jesús, tan alejada de las del exministro y el cardenal, con centros singulares como el Observatorio del Ebro, aún activo en Tortosa, como centro mixto del CSIC, y el de La Cartuja en Granada, antecedente del Instituto de Astrofísica de Andalucía.

Evidenciando que también en ciencia e investigación, como en industrialización, es necesario desarrollar un tejido de interacciones y sinergias para que fructifiquen nuevos proyectos, sin poder confiar en que las influencias políticas ocasionales otorguen lo que el esfuerzo económico y las actuaciones de planificación y actividad política no sostienen.

Galicia, en su economía, hará bien en pensar en Europa, no en vano recibió 20.000 millones de euros de los fondos de cohesión, agrarios y pesqueros desde 1986, para lo cual debería desarrollar un verdadero plan estratégico de políticas industriales que eviten una mayor debilidad de su tejido industrial -apenas un 16,5 % del PIB- y limiten la deslocalización que amenaza con seguir produciéndose, y no solo hacia un eficiente Portugal. Deslocalización quizá más grave que los cierres industriales, como indicador evidente de las carencias de una política industrial.

Planes estratégicos que al parecer los gobiernos de Galicia y de España promueven, con la búsqueda de acuerdos políticos y económicos, sin que hasta ahora la negociación con la CEOE y los sindicatos se haya roto. Planes que permitan obtener unos resultados equiparables, en este tiempo histórico, al plan de 1959, con Joan Sardà y Fuentes Quintana al frente, y la dirección política de López Rodó. O a los resultados de algunas de las políticas articuladas desde los pactos de la Moncloa.

Sobre todo, cuando la Comisión Europea se propone destinar a España 140.000 millones de euros para la recuperación económica. Porque si los fondos europeos recibidos fueron un plan Marshall para Galicia, en palabras de Millán Mon, aún con resultados insatisfactorios, para los nuevos fondos que puedan llegar, si los cuatro países frugales y el inexplicable amago de bloqueo del Partido Popular no logran impedirlo, será imprescindible establecer prioridades y una planificación para Galicia. Todo ello más real que distraernos con aquello de «cuando llueve y hace sol…».

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