Lo que el viento se llevó fue la cordura


La polémica decisión de HBO de retirar Lo que el viento se llevó es una gran oportunidad para reflexionar sobre el valor capital de la educación. Como profesor y cinéfilo, utilizo el potencial del cine para la enseñanza, desde el Hollywood clásico hasta películas contemporáneas del cine senegalés, mozambiqueño, iraní o mongol. A partir de ahora también utilizaré Lo que el viento se llevó.

Esta obra maestra batió récords hace más de 80 años (1939) con una historia de hace 160 años (1861) que refleja realidades propias de la época, como el racismo, la esclavitud, el machismo, la violencia sobre la mujer, la prostitución o incluso las relaciones incestuosas. Todos los países protegen al público infantil de los peores contenidos violentos, discriminatorios o sexuales, clasificando las películas para establecer a partir de qué edad se recomienda su visualización. La regla general es que Lo que el viento se llevó esté recomendada para menores de edad, aunque en ocasiones se aconseja el visionado con los padres.

En España pasó de no estar autorizada para menores (1950) a ser recomendada para mayores de catorce años (1980) y, finalmente, autorizada para todos los públicos (1989). La clasificación evolucionó al mismo tiempo que España evolucionaba. Esto debería hacernos reflexionar acerca de cuál es el debate en el 2020. En el fondo, este debate es un viaje en el tiempo. ¿Cuál sería la clasificación más apropiada ahora, la de 1989, la de 1980 o la de 1950? ¿O vamos más allá, como sugieren algunos, y la prohibimos o impedimos su visionado para el gran público? ¿Nos hemos vuelto locos? Quizá tenga razón Toynbee, como me decía un amigo historiador, y las señales de la decadencia de una civilización vengan de su incapacidad de interpretar su propio proceso.

Varias generaciones vimos por primera vez Lo que el viento se llevó en nuestra infancia, al igual que Mogambo, Centauros del desierto o Belle de jour, entre muchas otras obras maestras que reflejaban realidades racistas, machistas o violentas. No necesitábamos que la televisión nos advirtiese de lo que íbamos a ver, muchos de los males de la historia de la humanidad. Ya lo sabíamos, por la educación que habíamos recibido. Si de pequeños nos forman en valores democráticos y humanitarios, de mayores no necesitaremos que HBO nos ponga cartelitos antes de cada película con temática sensible. Lo sabremos por nosotros mismos, salvo que hayamos perdido la cordura.

Por Jorge Quindimil Profesor de Derecho Internacional Público de la Universidade da Coruña

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