Ortega y el barrio de Salamanca

EUROPA PRESS

El barrio de Salamanca se ha convertido en un foco paradójico de la lucha de clases. Una de sus calles principales, dedicada a José Ortega y Gasset, es la antigua calle Lista, que une los paseos de La Castellana y de Ronda. Amancio Ortega no es del barrio de Salamanca, sino de la montaña leonesa, aunque gallego de adopción. Respecto al filósofo los españoles estaban divididos, mitad y mitad; respecto al empresario los españoles también están divididos, pero entre una mayoría de adictos y una minoría de críticos. En ambos casos la división es cuestión de clase.

Al filósofo se le criticaba por sus postulados sobre la razón vital, su indeterminismo histórico o sus alegatos contra la masificación, pero más se le atacaba por su origen burgués, su elitismo y su vínculo a la casta. Ilusionado con la instrucción de la clase política durante la República, acabó desengañado ante la mediocridad dominante. Liberal socialista o socialista liberal, fue criticado tanto por su laicismo como por su complicidad con la dictadura.

El empresario asumió el apotegma del filósofo: «Yo soy yo y mi circunstancia». Analizó como nadie las circunstancias de un sistema capitalista en el que el modelo centro-periferia daba paso a la globalización, para montar, desde los años ochenta y desde la periferia de la periferia, un imperio fabril en un sector donde la competitividad expulsaba a los incompetentes. Tres décadas después la crisis financiera le obligó a adaptarse de nuevo a las circunstancias, deslocalizando más la producción y diversificando más la inversión. Ahora la crisis del coronavirus le obliga a adaptarse una vez más a circunstancias imprevistas. Como nunca vivió de las ayudas públicas, no se le puede exigir que ponga a disposición del Estado su estructura empresarial para comprar material sanitario (mascarillas, respiradores), ni que haga donaciones millonarias. Los guardianes de las esencias, que ven en tal actuación solidaria una estrategia fiscal basada en la filantropía barata, son a menudo desclasados que desconocen la auténtica lucha de clases. No conocen a ese jefe que descarta expedientes de regulación de empleo, continúa pagando con recursos propios a sus trabajadores, impulsa la venta on-line y digitaliza la venta en tienda.

Según la RAE, orteguiano es lo relativo a Ortega y Gasset. Tras el coronavirus habría que añadir: «así como lo relativo a Amancio Ortega». Filósofo y empresario no se parecen en el carácter; el primero, un intelectual arrogante, engreído, mesiánico; el segundo, un multimillonario humilde, modesto, empático. Sin embargo, ambos comparten, por distintas vías, el objetivo de modernizar España, incluido el barrio de Salamanca.

Por Pedro Armas Profesor de la UDC

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