Educación, relativismo y frivolidad


El relativismo viene de muy atrás. No es un invento de estos años. Significar que todo semeja lo mismo es una constancia: lo importante ha dejado de tener importancia. Quizá por ello, el Gobierno de España dejó que pasasen tres meses desde la declaración del estado de alarma para significar qué van a hacer con el futuro. A la educación la han mancillado demasiado. Principalmente porque los políticos han sido incapaces de consensuar una ley de educación no ideologizada. Un instrumento útil: marco legal que ampare la igualdad de oportunidades y la excelencia. No hay país desarrollado que haya tenido más leyes de educación que el nuestro. Y conviene recordar que aquí, todas excepto una, han sido firmadas por un presidente «progresista». Yo tenía esperanza en los nuevos tiempos. Que algo cambiaría. Es lo mismo. Antes de la pesadilla que vivimos, se había presentado el proyecto de una nueva ley educativa y los planteamientos seguían derroteros conocidos. Será una ley que cambiarán los siguientes en Moncloa. Y, tras ellos, otros vendrán que harán lo mismo. Es la irresponsabilidad. El disparate. Porque en educación o hay consenso o error. Y esta ley es, desde su «proyección», uno más de los múltiples escollos que queremos poner en nuestro futuro. Porque el futuro se escribe en las aulas. El resto son hipótesis. Como el próximo curso escolar. Sorprende que una ministra tan ágil para redactar una ley general, no esté a la altura para unificar criterios, ordenar, organizar y dirigir la educación en tiempos convulsos. Todo es relativo, menos la frivolidad.

En educación sobra frivolidad y falta pericia. Se polemiza en torno a los mismos asuntos: la enseñanza de la religión, la concertada, la libertad de elección de los padres, la enseñanza diferenciada, los suspensos que no inhabilitan titulación (igualan a la baja), etcétera. Sin embargo, obviamos la formación del profesorado, la evaluación continua, los resultados, el fracaso escolar o el abandono...

En Finlandia han descartado lo artificioso para centrarse en lo sustantivo. Aquí seguimos elevando el debate frívolo e ideológico: cuarenta y cinco años después el dictador nutre conciencias y votos, todavía. El relativismo viene de muy atrás, dije, aunque la posmodernidad lo ha acrecentado. Este Gobierno, también: porque han creado «su» verdad y porque, no hay dudas al respecto, los cambios de criterio e improvisaciones han sido propia sinopsis. El ministerio de Educación es su espejo. Una pena.

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