Las estatuas de los esclavistas


Los de mi generación vivimos una época de grandes descubrimientos televisivos. La pequeña pantalla nos abrió al mundo exterior pese a ser en blanco y negro. La España recién nacida a la democracia necesitaba conocer todo aquello que existía más allá de sus fronteras políticas y mentales. Y si Informe Semanal nos puso al día de los acontecimientos más relevantes en la esfera internacional, los grandes documentales nos acercaron a la naturaleza que parecía tan distante de nuestras urbes. Así, tuvimos la fortuna de que un naturalista como Félix Rodríguez de la Fuente nos enseñara las maravillas de nuestro entorno y nuestra obligación de proteger a todas las especies, sobre todo las que estaban en peligro de extinción, para garantizar la biodiversidad y nuestra propia supervivencia. También disfrutamos de las fantásticas imágenes sobre nuestro entorno marino de mano de Jacques Cousteau quien nos mostró lo importante y frágiles que son los ecosistemas bajo las grandes masas de agua salada, fuente de alimento y equilibrio climático. Los primeros ecologistas en acción.

Pero, además de estos programas divulgativos, la ficción nos permitió conocer una parte de la historia tan triste como oscurecida bajo los estereotipos de décadas de inmersión en el gris de la homogeneidad social. La historia de la esclavitud entró en nuestros hogares a finales de los setenta de mano de Kunta Kinte, el africano arrancado de su hogar, trasladado a otro continente, vendido como esclavo y castigado sin piedad para doblegar su espíritu indomable. La serie Raíces basada en la obra de Alex Haley nos encogió las entrañas con su cruda representación del origen de la gran comunidad afroamericana de EE.UU. Cinco décadas después seguimos ignorando la historia y lo que significan las representaciones de algunos personajes, héroes para algunos, esclavistas para la mayoría. No es de extrañar pues que la comunidad afroamericana haya tenido que salir a la calle para recordarnos la discriminación e injusticia en la que viven y lo humillante que resulta seguir viendo las estatuas de los esclavistas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
18 votos
Comentarios

Las estatuas de los esclavistas