Los hermanos Marx y la justicia social


Al expresidente Felipe González este Gobierno le parece «el camarote de los hermanos Marx». Supongo que se refiere a los cómicos, porque el auténtico inspirador ideológico del PSOE y de Podemos, Karl, no tuvo hermanos de tanta notoriedad. Al portavoz ocasional de este Gobierno, don Pablo Echenique, no parece haberle gustado mucho la definición del señor González, porque piensa que sus opiniones son propias de «personas que no están de acuerdo con la justicia social o fiscal». La polémica, tan intrascendente, contiene, sin embargo, algunas de las claves del momento político.

Yo supongo que para calificar a este Gobierno no es preciso ser un troglodita que menosprecia la justicia distributiva. Se puede querer la abolición de los ricos, la condena de los privilegiados y el reparto de la riqueza entre los pobres y, sin embargo, ver a los hermanos Marx en los rostros de los máximos responsables del Ejecutivo. No hay más que leer los periódicos para comprobar cómo cada día nos estimulan y nos alegran la mañana con algunos de sus gags. Hoy mismo se puede leer que la ministra de Defensa (PSOE) defiende el carácter militar de la Guardia Civil, y lo hace frente al criterio de Pablo Iglesias (Podemos), que hace dos días propugnó que debe ser desmilitarizada.

Los encontronazos entre los dos bandos han sido habituales, prácticamente semanales, y no hacen falta el talento y la experiencia de Felipe González para ver lo que él ve. Pero tampoco hay que acudir a las discrepancias. Acabamos de escuchar este miércoles al señor ministro de Justicia, que es notario mayor del reino, decir que España vive una crisis constituyente y que está abierto un debate constituyente, y muchos nos quedamos pensando si en el camarote de la Moncloa se está trabajando en secreto en la reforma o el derrumbe de la Constitución. Parece tan disparatado como jugar con ese golpe de Estado cuyo fantasma se aparece en la alcoba de la pareja Iglesias-Montero.

Respecto a la justicia social y fiscal que invoca Echenique, ahí tienen los gobernantes actuales su gran escudo. Debe ser el «escudo social» del que hablan los ministros. Quien critique al gabinete por cualquier motivo, o es un facha que no merece vivir en el siglo XXI, o un golpista que trata de derribar al Gobierno, o un reaccionario defensor de los privilegios de las minorías, carente de todo sentido de la justicia o la igualdad. Y no crean ustedes que eso solo se dice para la galería y para mantener la fidelidad de voto. Se dice también en los discursos que se pronuncian en el Congreso de los Diputados. Y lamento mucho decirlo: cuando un gobierno y sus portavoces aplican ese reduccionismo a la opinión política, es señal evidente de que carecen de toda capacidad autocrítica. Hagan lo que hagan, siempre creen que aciertan. Los equivocados y los malintencionados somos siempre los demás.

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