Julio Verne en Lisboa. El océano y el mar


Este Día Mundial de los Océanos se reivindica la «Innovación para un Océano Sostenible». La revista científica Nature Sustainability publicará próximamente el artículo Nobody foretold a Sustainable Ocean Economy in 1872 (Nadie predijo una economía oceánica sostenible en 1872), de los profesores Carlos M. Duarte y Dorte Krause-Jensen. Un inteligente análisis en torno a 20.000 leguas de viaje submarino, que además encierra una brincadeira de significados alrededor de Nemo, el capitán del Nautilus, y la economía azul.

Hace 35 años reivindicaba la innovación desde el mar, siguiendo aquella visión adelantada por Julio Verne, en el limiar de A Galicia Mariñeira, Biblioteca da Cultura Galega de Galaxia. Anclados aquí -todavía entonces- en aquella visión hegemónica de la pesca industrial, se discutía y dudaba del futuro y la conveniencia de la acuicultura.

La ONU tenía previsto hace un instante celebrar en Lisboa la Conferencia Global para el Océano, aplazada hoy por la pandemia, y centrada en la innovación del mar. Reunión previa a la Segunda Conferencia sobre los Océanos de 2021, y al inicio del Decenio de las Ciencias Oceánicas para el Desarrollo Sostenible (2021-2030). En este contexto de economía azul nació en el 2018, a iniciativa de Noruega, el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, en el que participan gobernantes de 14 países, entre ellos Noruega, Chile, Palaos y Portugal. España no. Juntos trabajan para establecer un conjunto de recomendaciones que permitan lograr esa economía sostenible del océano.

El océano es un centro de actividades económicas. Su actividad aporta 1,5 billones de dólares en valor económico agregado, pescado para más de mil millones de personas, medios de subsistencia para 3.000 millones, un canal de transporte para el 90 % de los bienes del planeta y una fuente de energía renovable e intensiva en carbono. Los estudios estiman que invertir en la economía del océano dará unos beneficios al menos cinco veces superiores a sus costes, con un beneficio neto potencial anual de 240.000 millones de dólares, a lo largo de 30 años. «Invertir en una economía oceánica sostenible es un excelente negocio: confiere beneficios considerables para la economía global, el océano y el bienestar social».

Ni España, ni por supuesto Galicia, tienen presencia en el Panel de Alto Nivel para Una Economía Oceánica, ni en sus estudios y trabajos, más allá de la participación de dos expertos en la elaboración de sus muy recomendables y accesibles Blue Papers. Sin embargo, sí está Portugal y sus científicos proponiendo el océano como «una solución para un mundo más resiliente y próspero».

El papel de España en la economía azul tiene que ser otro, lejos de la irrelevancia actual. El de Galicia también, con su profunda dependencia de los océanos y un mar próximo en decadencia. Esto requiere visión estratégica, liderazgo, ambición y mucho esfuerzo. Por si el mar fuera una pasión, y Nemo o Nadie nos acompañara en Lisboa.

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