Qué tontería


A finales de mayo muchos medios se acuerdan de Tiananmen: la masacre y la imagen simbólica del hombre solitario que detuvo los tanques. Ahora lo están retomando, también porque coincide con el miedo y las protestas de las gentes de Hong Kong, que no quieren perder su libertad asfixiadas en el abrazo del régimen chino. El problema reside en que ni hubo masacre en Tiananmen ni el hombre del tanque simboliza otra cosa que la obvia: el comunismo nunca se derrota. O se va o no hay nada que hacer, porque controla y maniata sin escrúpulos. Tuvieron suerte Rusia y todos sus países satélites de que llegara al poder Gorbachov, pero no suele suceder. Llegan y no se van: no se han ido de China pese a las revueltas de 1989 en las que el Ejército Popular mató a miles. El día de Tiananmen se calcula que cayeron varios cientos, pero ni eran 10.000, como se suele repetir, ni estudiantes, ni los mataron en la famosa plaza; sino obreros que protestaban a dos o tres kilómetros o que pasaban por allí. Al PC chino, sin embargo, le convino más la versión de los estudiantes y a la prensa occidental, también. Todavía lo repetimos. Tampoco se han ido de Cuba o de Corea del Norte o de Vietnam. Ni se irán de Venezuela o Nicaragua. Apenas quedan estas dictaduras y las islámicas, pero somos antifascistas.

Si en un país de esos la policía matara el mismo número de personas que en Estados Unidos, pero multiplicado por siete, ¿cuántas tiendas arderían? Ninguna. Ya ocurre en Venezuela, con menos del 10 % de la población estadounidense, y nos da igual. Ahora toca antifascismo.

Antonio López decía ayer en este periódico que la bondad es la inteligencia del alma, pero que también se necesita la otra.

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