Biodiversidad y salud


Ayer (5 de junio) celebramos el Día Mundial del Medio Ambiente y el tema elegido por Naciones Unidas para este traumático 2020 es la biodiversidad o, más expresivamente, «la hora de la Naturaleza».

Los científicos ya han puesto de relieve la importancia de la biodiversidad para la preservar la salud humana y los insustituibles «servicios ecosistémicos» que la naturaleza nos proporciona. También es sabido que, en el origen de la pandemia provocada por el SARS-CoV-2 está la deficiente protección de la fauna silvestre, las malas prácticas de los mercados húmedos asiáticos y el comercio ilegal de especies amenazadas. Alrededor del 75 % de las enfermedades infecciosas emergentes son zooníticas, lo que significa que se transmiten de los animales a las personas.

Es claro que proteger la biodiversidad es proteger el entorno en que vivimos y, en definitiva, nuestra salud. De hecho se ha llegado a afirmar que en la naturaleza está la «vacuna ambiental» que urgentemente necesitamos contra el coronavirus, pero que, si la degradamos y empobrecemos, seremos mucho más vulnerables frente a futuras pandemias. Pocos meses antes de declaración de la pandemia, en octubre del 2019, el Gobierno Federal de Alemania y la Sociedad para la Conservación de la Vida Silvestre promovieron los denominados Principios de Berlín, que -bajo el lema «Un solo Planeta, una sola salud, un solo futuro»- tienen por objeto poner de manifiesto la necesidad que trabajen interdisciplinaria y colaborativamente los profesionales de la salud humana, la animal y la vegetal. Así, en el primer principio se proclama la necesidad de «reconocer y tomar medidas para mantener los vi?nculos esenciales entre humanos, animales dome?sticos, vida silvestre, plantas y salud ambiental para la existencia y el bienestar humanos, la seguridad alimentaria y nutricional, y el desarrollo sostenible…». Se trata, en definitiva, de una novedosa visión integral de la salud.

Este año 2020 es, además, muy importante en el desarrollo de la Convención de Naciones Unidas sobre Biodiversidad (CDB), ya que se está en camino de desarrollar un ambicioso Marco global de Biodiversidad después de 2020 que vendrá a reemplazar el vigente Plan estratégico para la Diversidad Biológica (2011-2020). De aquí que Elizabet Maruma Mrema, secretaria ejecutiva de la CDB, haya afirmado recientemente que «la actual pandemia de covid-19 ha resaltado cuán crítica es la salud de la biodiversidad y la estabilidad del ecosistema para el mundo» y, en consecuencia, «acordar un marco global de biodiversidad sólido posterior a 2020 ahora es aún más importante».

A nivel interno, en nuestro país cobran particular relevancia todas las iniciativas y medidas puestas en marcha para preservar nuestra naturaleza, desde la Red Natura 2000 hasta la infraestructura verde, así como otros instrumentos de protección como la custodia (territorial, fluvial y marítima); tanto en las zonas rurales como en los espacios urbanos y periurbanos, donde la biodiversidad urbana adquiere una importancia creciente para nuestro bienestar.

Se trata de vivir en armonía con la naturaleza. Para tal fin, si cuidamos la biodiversidad, la biodiversidad nos cuidará a nosotros.

Por Francisco Javier Sanz Larruga Profesor de Derecho Ambiental y miembro del Instituto Universitario de Medio Ambiente de la Universidade da Coruña

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