El país donde nunca escampa


El Gobierno Sánchez, quién lo iba a decir, tiene en Ciudadanos a su aliado más fiable. Encuentra su voto cada vez que lo necesita. Arrimadas no impone condiciones que resulten hirientes para ninguna comunidad autónoma. No reclama nada que permita acusarle de partidismo o de interés parcial. Funciona con coherencia y, en el caso del decreto de prórroga del estado de alarma, no hace nada que contradiga los apoyos de las votaciones anteriores. Y a veces produce la impresión de que se conforma con alguna concesión que le permita, sencillamente, salvar la cara para justificar su apoyo. Desde luego, si Inés Arrimadas hubiera sido presidenta del partido cuando tenía escaños suficientes para hacer mayoría con el Partido Socialista, nos hubiéramos evitado una repetición de elecciones y la coalición que vino después.

Lo novedoso de su último apoyo, justificado por un pacto con el Gobierno, es que irritó grandemente a Esquerra Republicana y al PNV. Esquerra llegó a prohibirle a Pedro Sánchez que firmara ningún acuerdo con el partido centrista, después de exigir al presidente que eligiera aliado o socio entre uno y otro, demostrando su incompatibilidad. Es que los nacionalistas catalanes están por la independencia, pero no quieren perder influencia en Madrid. Desean ser interlocutores únicos, porque piensan que así obtienen más. Y, sobre todo, no quieren mezclarse con un partido cuya trayectoria se distinguió por su agresiva postura contra el nacionalismo. Es como si los contaminara con el virus españolista. Y es, sobre todo, porque tienen una ideología que, con todos los matices que se quiera, sigue siendo excluyente.

El rechazo del PNV es otra cosa. Su aversión a Ciudadanos procede del hecho de que Albert Rivera es enemigo del Concierto Económico y del cupo. Para el nacionalismo vasco eso es como un atentado contra sus esencias. Y ahora, ante el acuerdo de Ciudadanos y Gobierno, encuentran el gran agravio: ese punto del pacto que garantiza que las medidas del tramo final de la alarma sean idénticas para toda España y que las únicas asimetrías se deban a razones sanitarias y no políticas. En el fondo, lo firmado es lo mismo que reclamó el presidente Núñez Feijoo: que no haya privilegios de las comunidades gobernadas por nacionalistas. Pero, tal como está redactado el acuerdo, efectivamente necesita una aclaración. No sea que lo firmado con Ciudadanos contradiga la autoridad delegada encomendada a los presidentes autonómicos.

Como conclusión final, ¡qué complicado es este país y su política! Todos los días hay que deshacer algún entuerto. Todos los días tiene que haber algún cabreado. Y todos los días comprobamos que, si hay lío territorial, nunca acaba de escampar.

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