Aplaudiendo a Pablo Casado


Estaba escrito: la barba era un señuelo. Este señor colmado de satisfacción en el escaño después de soltar sapos y culebras desde el atril del Congreso lleva barba de Rajoy pero, misterios de la naturaleza, cuando abre la boca quiere ser Aznar. Entre sus aplaudidores sobresalen el hombre con talento para escupir huesos de aceituna y ya, Teodoro García Egea, y Álvarez de Toledo, Cayetana de toda la vida. Aplauden cual si la misión secreta de este PP fuera servir de merienda a Santiago Trump Abascal. Como sigan «trabajando en ello», lo van a conseguir. En la foto, Pablo Casado saborea su gran momento, como si acabara de disfrutar gratis total de un menú tres estrellas Michelin. Pero qué peligro tiene el aplauso de la tropa, que diría Rajoy: tanto vale para celebrar los éxitos como para despedir a los Hernández Mancha. Ay, la ansiedad de llegar a la Moncloa: se corre el riesgo de acabar siendo un Albert Rivera del montón.

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