Prontuario de credibilidad


iba a titular esta columna con un interrogante: ¿Quién puede confiar en este Gobierno? Pensé que resultaba inadecuado y que conduciría al lector al prejuicio. Supondría que la retórica pregunta incluye la respuesta. Y todo ello sin argumentar las causas de la falta de confianza en el ejecutivo. Por lo tanto, anoto los motivos. Empecemos por el último episodio de una serie de despropósitos que superan lo imaginable. Un ministro, proveniente de la judicatura, sin reparo alguno dinamita la separación de poderes interfiriendo en las labores de una jueza. No contento con tamaño dislate, que contraviene nuestra democracia y el estado de derecho, destituye en plena crisis a dos altos cargos de la Guardia Civil (otro dimite) que cumplían con su deber. El ministro comparece en rueda de prensa y, con arrojo temerario, toma a la ciudadanía por vulgo ingenuo y a la Guardia Civil por estamento venal: equipara sus sueldos con las policías autonómicas. Y no pasa nada. Sin embargo, este ejemplo es solo la punta del iceberg de la falta de credibilidad del Gobierno. Los partidos que lo sustentan, PSOE y Podemos, firman la derogación «íntegra» de la reforma laboral con Bildu. A las pocas horas renuncian a esa «integridad». Y no pasa nada. Para aprobar el último estado de alarma prometen al BNG que los gallegos podrán moverse entre provincias, algo que hace semanas solicita la Xunta, y una vez pasada la votación se olvidan de nuestra movilidad. Y no pasa nada. Hace meses anuncian que las mascarillas no solo son necesarias, sino que pueden ser perjudiciales, y ahora son obligatorias. Y no pasa nada. Los muertos por la enfermedad tan pronto aumentan como disminuyen, los criterios «contables» cambian con facilidad mientras Simón explica lo inexplicable (quizá lo más inexplicable sea que Fernando Simón siga explicando después de su retahíla de «aciertos» en esta crisis). Y no pasa nada. Los familiares de internos en residencias, que iba a gestionar Pablo Iglesias desde marzo, acumulan denuncias en los juzgados mientras el vicepresidente se dedica al espectáculo político grosero: sus «actuaciones» resultan insultantes para cualquier inteligencia. Y no pasa nada. Nissan, de quien Sánchez dijo que mantendría todos los puestos de trabajo, se va de Barcelona. Alcoa, con la inacción del Ejecutivo de Madrid, despide. Y no pasa nada. O sí pasa. Porque estoy seguro de que España ha elaborado un prontuario de la credibilidad de este Gobierno. Y ni Tezanos podrá salvarla.

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