Entre el covid y mi fobia social


Las redes sociales están llenas de artículos sobre cómo nos afectará la pandemia una vez que haya acabado. Nos hablan sobre la salud mental y nos recalcan que hay que cuidarla; al mismo tiempo, se centran en las personas con trastornos de ansiedad. Dicen que muchos de los que tenemos este problema recaeremos, que lo tenemos más difícil. No hacen un análisis más profundo; quizá porque no piensan que somos muchos los que hemos estado conviviendo con la angustia de manera continuada a lo largo de nuestras vidas.

Habrá quien acabe como con una depresión. El aislamiento, el distanciamiento social y los cambios extremos en el estilo de vida son difíciles. A los efectos del confinamiento y a la ansiedad ante el miedo al virus habrá que sumar aquellas sensaciones que se tienen tras el análisis de cómo quedarán después nuestras vidas. Nuestras empresas, negocios y/o trabajos. ¿Cómo empezar de nuevo? ¿Qué quedará de lo que había?.

Tampoco sabemos cuándo terminará la pandemia, y no habrá paz hasta que no tengamos una vacuna eficaz.

Vivimos una situación extrema, una crisis sanitaria, social y económica de la que nadie está exento y que en todos dejará su huella. Quienes cuentan con las herramientas para manejar tales sentimientos , van a ir capeando la marea de acontecimientos sin caer en el temor y la preocupación excesivas. Sin embargo, a las personas que viven su vida sin salir de sus casas, obsesionados con las enfermedades, o sintiendo ansiedad hasta por el más mínimo incidente, no les será tan fácil.

Nosotros, los que sufrimos de fobia social, tenemos ideas catastrofistas y negativas que avanzamos en un futuro imaginario nunca positivo. De ahí precisamente nuestra ansiedad de base. Sabemos que nuestro futuro depende de la evolución de la enfermedad, de los recursos de las administraciones, del comportamiento de otras personas. Por ejemplo, de lo que hagan aquellos ciudadanos que se saltan el confinamiento o que huyen de los hospitales. Esto es abrumador. Somos frágiles y estamos expuestos a factores que están fuera de nuestro alcance.

Entre mi colectivo, hay mucho interés en saber el impacto del covid-19 en la salud mental. Dicen que la hipocondría se ha intensificado. No es para menos. El coronavirus es una enfermedad que ha causado miles de muertes. Respecto a ella nos han dado una lista de síntomas muy específicos. También pasamos épocas de catarros y gripes. Pero un hipocondríaco acatarrado enseguida lo relacionaría con la peor situación. A partir de ahí, llega una ansiedad que a veces es insoportable.

Frente al coronavirus las personas con trastornos de ansiedad están en una situación de mayor fragilidad. Igual que los afectados por la agorafobia, que sufren ataques de pánico cuando se encuentran en un lugar que no consideran seguro. Las personas con fobia social necesitan encontrar una seguridad, que hoy es imposible. ¿Por qué? Porque nadie puede controlar lo que va a pasar. Ni mañana ni tan siquiera hoy.

No controlábamos la sociedad entonces, que era la de siempre, y ahora nos encontramos con otra diferente. Aplaudimos en los balcones, salimos a la calle de uno en uno o en muy pequeños grupos. Cada uno en una dirección. Parece un circo. Vimos a uno llevando un perro, a otro una bolsa como justificando que va a comprar, otro... Así caminan; da un poco de miedo. Nos dicen que debemos guardar una distancia de un mínimo de dos metros. Las distancias, qué cosas e incongruencias de la vida. Que las personas se alejen de ti y tu de ellas en esos límites por miedo a un contagio. Te rechazan de entrada.

Hay un gran impacto en las emociones y en los comportamientos individuales y sociales.

Nuevamente nuestros pensamientos se encadenan. Atajos mentales ligados al miedo y a la ansiedad, la «catastrofización». Una operación mental rápida que ante una situación ambigua tiende a asumir la opción negativa y en este nuevo mundo un fóbico social escoge la peor. Una sociedad más agresiva donde se podría decir que prima la supervivencia más que nunca y donde nos es más difícil aún defendernos, dado nuestro carácter apocado, y buscando una evaluación positiva que ni siquiera tiene ya cabida en este nuevo mundo ¿ A quién le importa ya? Tenemos que ir con mascarilla. Me da mucha vergüenza, pero me pondré lo que haya que ponerse. No nos acercaremos a las otras personas de una forma calculada. El miedo se acentuará de una forma especial, y cuando no podamos distanciarnos, a nosotros, los que sufrimos fobia social, nos entrará más miedo y ansiedad. Nuestra ansiedad se multiplicará y llegará a ser una agonía. Tenemos que tratar con esos zombis que caminaban de forma errática y que veíamos desde nuestros balcones a prudente distancia, por suerte, porque da miedo. La vida se ha vuelto como en blanco y negro.

Por Judith Vela es socia de Amtaes (Asociación Española de Ayuda Mutua contra la Fobia Social y Trastornos de Ansiendad)

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