El «sándwich de la verdad» al presidente «verificado»


El vizconde de Terralba fue a la guerra contra los turcos. Y una bala de cañón lo partió en dos. Pero no murió. Sus dos mitades -una buena y una mala- vivieron por separado.

Con la historia de El vizconde demediado, Italo Calvino retrató de manera fantástica la dualidad humana. Su relato, rebosante de humor, ponía en evidencia que todos somos capaces de tener sentimientos y disposiciones tanto positivas como negativas. ¿Qué pasaría si lo escribiera hoy después de empaparse en riadas de comentarios linchadores de Facebook, incendios tuiteros y reyertas de WhatsApp? Nunca lo sabremos, pero podemos y debemos fabular.

Pongamos que Calvino pusiera el acento en la irresistible atracción del cerebro humano por la división y la polarización. Y que cambiara de protagonista. Donde antes había un vizconde, ahora tendríamos a un presidente pendenciero y lenguaraz, que mantiene una relación complicada con la realidad y que considera que su experiencia personal se impone sobre lo que indiquen cualquier dato, informe o estudio. Siempre tiene razón. Y lleva fatal que lo critiquen o apostillan aunque publique patrañas. Y más aún si es la propia plataforma, Twitter, la que lo deja en evidencia con enlaces a información real. ¿Triunfará este medio «sándwich de la verdad» de la red social al presidente «verificado»? ¿O haría falta uno completo?

Esta sería la secuencia: primero, decir la verdad; segundo, especificar la mentira; tercero, volver a decir la verdad, todas las veces que haga falta. ¿Suficiente para líderes como Trump? ¿Y para sus más fieles seguidores?

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