Contra el paro: por un Servicio Europeo de Empleo doce estrellas


Falso de toda falsedad: no tenemos un mercado único europeo. Así nos va. Es imposible afirmar que lo tenemos cuando hay tal distancia entre la región con menos desempleo -Praga: 1,3 %- y el sempiterno agujero negro del Mezzogiorno español, italiano y griego, donde Extremadura y Andalucía superaron el 21 % de paro en el 2019.

Si miras el mapa que dibuja Eurostat, en el presunto mercado interior europeo hay un núcleo virtuoso que pivota sobre Baviera y Austria, e irradia hacia la frontera danesa, los Países Bajos, Chequia y Polonia, todos con menos del 3,5 % de paro. Por contra, la mitad sur de España -Extremadura, Andalucía, Canarias, Castilla-La Mancha, Valencia y Murcia-, más Asturias, junto con Calabria, Campania y Sicilia, en Italia, y casi toda Grecia, baten récords de parados. Eso durante 2019, antes del coronavirus.

Estos países y regiones padecen un enorme desfase laboral desde los 80, con o sin fondos europeos. En los 90 debimos haber concluido el mercado único y la cosa no mejora. Por dar una comparativa: en los EE.UU. durante 2019 la distancia entre el estado con mayor desempleo -Alaska: 6,1 %- y el de menor paro -Vermont: 2,3 %- fue de 3 a 1. En la UE es de 8 a 1, y entre regiones aún mayor. Me niego pues a aceptar lo que dicen los juristas sobre que tenemos un mercado interior. Falso.

Algún día habrá que afrontar esta tara estructural, de la que nadie quiso hablar en cuatro décadas. Ese silencio, esa omertà cívica, es una anomalía, y además debilita a Europa en el mundo. Algunos dirán que la causa radica en el clima -como Montesquieu: El espíritu de las leyes, Libro V, Capítulo XIX y otros[1], donde evoca la tórrida pereza hispana y la venta de cargos públicos por la codicia de sus cortesanos-, pero ahora gozamos de climatización en los empleos con mayor valor añadido y de división de poderes. Otros, lo siento, mantenemos que la clave para salir de este foso radica en mejorar los resultados educativos por cada euro invertido. Repito, por cada euro invertido.

El 21 de mayo de 1999 servidor rogaba desde estas páginas por un Inem europeo. Los afortunados que accedan a este tesoro que es la hemeroteca de La Voz podrán comprobarlo. Dos décadas después estamos peor. Sin un genuino Servicio Europeo de Empleo (Eures+) y educación eficiente esta patología persistirá. Europeizar Europa es indispensable para salvarnos.

Por Manuel Blanco Desar Economista y politólogo. Especializado en asuntos europeos

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