Iglesias Turrión, clavel varonil


Para mí, la reelección del profesor Iglesias Turrión como secretario general de Unidas Podemos con el 92,19 % de los votos, que ante el ruido y la furia ha pasado de largo, viene a constatar el fracaso definitivo e irreversible de dicha formación, que nació como un movimiento ciudadano espontáneo y popular, asambleario y autogestionado, y acaba, como todos los otros, en una organización vertical y fuertemente jerarquizada. El abandono de 89 % de los seguidores con derecho a voto hace además sospechar que quienes se quedan son aquellos que pillaron cacho. Esto, que es común en los partidos de la casta —y aún recuerdo con profunda vergüenza ajena la ridiculez de la nominación de Rajoy por parte de Aznar para sustituirlo: un día todo esto será tuyo, hijo mío—, repugna más cuando quien lo hace es justo quien llega para combatirlo, como los curas pederastas. El profesor Iglesias debería poder alardear de ganar sus elecciones con el 51 % de los votos y una alta participación. Pero en lugar de eso ha ido dejando enemigos en las cunetas de la política, o, poniéndonos poéticos, ha abandonado a Antoñito el Camborio y Federico García para irse con la Guardia Civil. Y yo, que era muy pequeño, recuerdo que en el referendo nacional de 1966, en que la Presidencia del Gobierno se separaba de la Jefatura de Estado, Franco ganó con el 95 % de los votos (las malas lenguas decían que con el 101 %). Y se separaron, pero Franco siguió ejerciendo las dos.

Voces de muerte callaron cerca del Guadalquivir.

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