Ansias de fútbol


Cada programa tiene su propia cadencia sonora. Sin necesidad de acercarse al televisor, uno puede deducir a lo lejos si lo que suena en el salón es un informativo, un concurso o una mesa de tertulianos en pleno apogeo. Pero el fútbol televisado no suena a fútbol estos días, parece otra cosa. Si lo escuchas desde lejos, sin prestar atención, la ceremonia evoca más el ritmo pausado de un partido de tenis que el del deporte que hace rugir a las masas. El silencio solemne de la grada roto por los gritos de los jugadores, los locutores que bajan su tono para acomodarse al ambiente. Pero aún con ese escenario aséptico, en el que los jugadores celebran los goles sin contacto e imaginan el aplauso, la afición se ha volcado con la Bundesliga. Nunca hubo en España tanta expectación por la liga alemana como después de esta travesía de abstinencia del deporte favorito de la mayoría.

Es verdad que en este tiempo muchos se han hecho un máster en historia del balompié con las reposiciones de partidazos históricos, algunos de ellos de épocas en las que la publicidad que rodeaba el césped no eran deslumbrantes carteles luminosos sino pancartas pegadas con cola. Pero la primera competición en directo, el derbi del Ruhr, sumó la semana pasada en Movistar la audiencia de un Atlético de Madrid o un Valencia. Había ganas de fútbol y de ver cómo será en este nuevo mundo.

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