Covid-19 y recuperación económica


Según la Comisión Europea, la crisis del covid-19 supondrá una caída del PIB de la Unión Europea en el 2020 del 7,5 % y del 6,5 % en EE.UU., con diferencias muy significativas entre países. En un extremo, Grecia, con una caída del 9,7 %, seguida de cerca por Italia y España. En el otro, Polonia, con una caída prevista del 4,3 %, y Japón, con el 5 %.

Las diferencias entre países son también significativas en tasas de contagio, hospitalizados y, lamentablemente, personas fallecidas. El 14 de mayo, el número de fallecidos por covid-19 alcanzaba en Bélgica 763 personas por millón de habitantes, seguida de España, con 580, e Italia con 515. En el otro extremo, Eslovaquia y Japón tenían solo 5 fallecidos por millón de habitantes, seguidos por Malta, con 14, y Polonia, con 23.

En estados como Grecia, la crisis económica será muy severa pero la sanitaria ha sido menos grave, mientras en otros, como en Estados Unidos, sucede lo contrario. A simple vista, parece que exista una disyuntiva entre actividad económica y seguridad sanitaria. Sin embargo, la evidencia de otros países indica que esta conclusión es precipitada: en Italia y España tanto la crisis sanitaria como económica son muy intensas, pero en Polonia y los países del sudeste asiático ocurre lo contrario. Mientras unas naciones parecen estar en la frontera que maximiza seguridad sanitaria y actividad económica, otras están lejos de ella.

Alcanzar esa frontera debe ser el objetivo fundamental de la estrategia de salida. Pero la simple comparación entre países de tasas de crecimiento del PIB e indicadores de personas contagiadas o fallecidas no puede interpretarse sin más como una medida del éxito o fracaso en la gestión de la crisis sanitaria y económica. Siendo un determinante muy importante, no es el único. Otros factores también afectan a las diferencias entre países o entre regiones en un país como España.

Aunque la pandemia es global, en unos territorios se inició más tarde que en otros y tuvieron más tiempo para prepararse. El clima, la temperatura o la humedad parecen afectar a la reproducción del virus. La densidad de población, estructura demográfica, transportes urbanos en los que es más fácil el contagio (como el metro) o el tamaño del país (por su mayor exposición a la movilidad internacional) son factores que aumentan la probabilidad de contagio. Las diferencias culturales también son relevantes y algunas sociedades son más proclives al contacto interpersonal. En cualquier caso, estos factores no anulan los efectos de una buena gestión sanitaria cuando se actúa a tiempo, se toman medidas preventivas adecuadas y se apuesta desde el principio por pruebas, monitorizar y controlar la pandemia con las mejores tecnologías disponibles.

En lo económico, la estructura productiva, la composición sectorial o el margen fiscal de partida con el que proteger el tejido productivo durante la hibernación y estimular la economía en la fase de reanimación explican por qué ante una misma crisis sanitaria sus consecuencias económicas son distintas entre países.

Aunque sea difícil separar la contribución de todos estos factores de la propia gestión de la crisis económica y sanitaria, no debe concluirse que las políticas y medidas tienen una importancia secundaria. Todo lo contrario, sobre las condiciones de partida que también afectan tanto a la crisis sanitaria como a la económica poco puede hacerse. El verdadero margen de maniobra para acelerar la recuperación está ahora precisamente en el acierto de esa estrategia de salida y en generar certidumbre.

Por Rafael Doménech Responsable de análisis económico de BBVA Research y catedrático en la Universidad de Valencia

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