Elecciones gallegas: hacer las cosas bien

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

15 may 2020 . Actualizado a las 07:28 h.

El 12 de marzo, una semana antes de que, el día 18, el presidente de la Xunta dictase el decreto por el que se dejaba sin efecto la convocatoria de las elecciones del 5 de abril, sostuve en este mismo espacio que todo apuntaba a que los comicios no podían tener lugar a la vista de la tan fulgurante como devastadora evolución de la epidemia del covid-19. Frente a algunos supuestos finos juristas (en verdad, rasos leguleyos), que consideraban el aplazamiento electoral legalmente irrealizable, sostuve entonces que «unas elecciones no pueden celebrarse cuando no se dan las condiciones para que todos los electores puedan votar con plena igualdad y libertad».

Haciendo bien las cosas, el presidente de la Xunta negoció con los principales partidos de nuestra comunidad y, con su acuerdo, optó finalmente por lo que exigía el sentido común más elemental. Y es que, aunque pese a un contraste que luego se consolidaría, los datos de Galicia a 18 de marzo (3 fallecidos y 341 infectados, de los cuales 11 estaban en la UCI y 63 en hospitalización) eran mucho mejores que los del conjunto del país, estos indicaban ya, sin duda alguna, que, como finalmente sucedió, las cosas iban a complicarse de verdad: el 18 de marzo habían fallecido ya en España 598 personas y 13.716 estaban infectadas.

El anuncio este miércoles, por el mismo presidente Feijoo, de que está valorando que las elecciones aplazadas se celebren en julio, lo más pronto que se pueda, abre un debate político que, aunque inevitable, debería tener poco recorrido si, como ha manifestado el propio presidente, los informes epidemiológicos ponen de relieve que hacer las elecciones antes del paréntesis de agosto presenta menos riesgos que dejarlas para la vuelta de las vacaciones de verano.