El único plan válido


Estamos ahora inmersos en una guerra de planes. Pedro Sánchez se agarra al plan A y asegura que no existe un plan B. Es decir, o el A, o el caos más absoluto. Y la oposición le exige que dé un paso al frente, porque el plan A, es decir, el estado de alarma, ha quedado desfasado y resulta innecesario.

Asistimos a un espectáculo intolerable en el peor momento de nuestras vidas, donde poco importan las decenas de miles de muertos, el pánico que nos atenaza, los empresarios desesperados, los autónomos desmoralizados, los trabajadores angustiados y los sanitarios arriesgándose. Nada importa con tal de obtener réditos electorales.

El empecinamiento, los permanentes errores, los balbuceos; en definitiva, el desastre en la gestión de Pedro Sánchez y los suyos no pueden justificar el hostigamiento permanente de la oposición y las comunidades autónomas, en un momento como el actual. Más se parece a una cacería que a una tarea opositora responsable. Jean-Luc Mélenchon, crítico con Macron, acaba de decir que «no es el momento del choque frontal» y apuesta por una oposición «propositiva». Rui Rio mostró su apoyo incondicional a António Costa porque «atacar al Gobierno ahora no es patriótico». Por hablar de nuestros vecinos, pero aquí el papel de la oposición se ha convertido en un disparate mayor incluso que el de la gestión de la pandemia. Y resulta curioso ver a Casado, Abascal, Torra y Rufián unidos, y jaleados por su hooligans, en la tarea común de caminar hacia el abismo.

Y en todo este barullo se echa en falta no solo un mayor sentido del deber de nuestros señoritos, sino también la intermediación para intentar poner algo de orden de lo que se dice la máxima autoridad del Estado. Que debía de asomar la cabeza en momentos tan complicados como el que vivimos.

Así que vista la irresponsabilidad de todos ellos solo cabe un plan. Ni A, ni B, ni Z. El único plan que puede sacarnos de este lodazal y devolver la dignidad a la ciudadanía es precisamente el que no barajan. Hablar, negociar, acordar y, una vez superado el trauma, irse a hacer punto de cruz y dejar que otra clase política tome las riendas. Porque bastante daño le han hecho ya. Ese es el único plan que nos sirve. Y el que se merece este ejemplar país al que insultan cada mañana.

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