Alarmados ante el estado de alarma

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Ricardo Rubio - Europa Press

06 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El Gobierno ha abusado sin rubor de las ya amplias potestades que le otorga el estado de alarma declarado el 14 de marzo y prorrogado por el Congreso en tres ocasiones sucesivas. En ello coinciden muchos juristas y políticos. Como también en la unilateralidad del Ejecutivo, que no ha intentado una colaboración efectiva ni con sus aliados, ni con la oposición, ni con las comunidades autónomas, que deben dar cumplimiento a lo que Sánchez y su sanedrín vienen decidiendo sin tener en cuenta a nadie.

Han sido esos abusos de poder (se hace lo que yo quiero) y esa unilateralidad (yo me lo guiso y yo me lo como) los que han llevado a Sánchez a una situación muy previsible, salvo para un soberbio incorregible: el hartazgo de los grupos del Congreso con la acción presidencial -pedir a la cámara un cheque en blanco para hacer luego su santa voluntad-, traducido finalmente en la amenaza de no renovar un estado de alarma del que el Ejecutivo hace mangas y capirotes sin apenas control parlamentario.

La respuesta del Gobierno ante el legítimo derecho de la mayoría del Congreso a no votar a favor de la extensión de una situación de excepción de cuya gestión ha sido excluido por completo resulta alucinante: proclamar que si no hay prórroga será el caos económico y social. Un respuesta inadmisible, pues la obligación de todos los gobiernos es precisamente evitar que el caos llegue a producirse, para lo cual deben trabajar con escenarios diferentes. Y uno posible cuando un ejecutivo solicita repetidamente la prórroga de un estado de alarma y desprecia al tiempo a quienes le entregan un poder tan descomunal es que antes o después no se le conceda: en ese caso, el Gobierno, lejos de chantajear al Congreso de un modo vergonzoso, debe tener prevista su actuación sobre la base de las leyes ordinarias.