Y Sánchez gritó: ¡Dejadme solo!

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Moncloa

03 may 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

Es difícil hallar una coyuntura en que la colaboración entre instituciones, Administraciones, partidos, empresas y sindicatos resulte más necesaria que la lucha contra una epidemia que, tras dañar gravemente la salud de cientos de miles de personas, amenaza con colapsar el sistema sanitario y provoca la parálisis casi total del sistema productivo de un país.

Obviamente el gran responsable de que tal colaboración se haga realidad es el Gobierno. Y más si, como sucede con la crisis provocada en España por el covid-19, el Ejecutivo asume, vía estado de alarma, la dirección de la lucha contra el virus, dotándose de potestades extraordinarias que alteran el normal reparto y ejercicio de los poderes del Estado.

Pues bien, contra lo que dicta la razón política, la racionalidad administrativa, la lógica económica, el interés general y el elemental sentido común, Sánchez hizo todo lo contrario desde que el coronavirus puso el país patas arriba: decidió que él, su superasesor y un reducido grupo de ministros se encargarían de dirigir solos la lucha titánica contra un adversario tan peligroso como oscuro y sinuoso. Una delirante pretensión que ha dado, como era previsible, resultados desastrosos: la improvisación política y económica constante y el caos administrativo.