Iglesias, el vicepresidente inaudito

Roberto Blanco Valdés
Roberto L. Blanco Valdés EL OJO PÚBLICO

OPINIÓN

Jesús Hellín - Europa Press

26 abr 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Eres cocainómana; mala madre, hija de puta, con todo lo que hemos luchado por las mujeres, contigo se pierde todo, no te quieren ni tus propios compañeros». Eso gritó la hoy diputada de Podemos en la Asamblea de Madrid Isabel Serra a la agente de la policía municipal número 7092.0. A otra agente, la 5537.2, la señora Serra se dirigió en unos términos también inequívocamente feministas: «Hija de puta, puta, zorra; que te follas a todos los policías municipales. Vergüenza. Si fuera tu hijo tendría que cogerte un arma y pegarte un tiro».

Esas dos inigualables frases, proferidas por Serra en los enfrentamientos con la policía en los que participó en el 2014, con motivo de un desahucio, figuran como hechos probados en la sentencia dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Madrid contra la dirigente de Podemos, a la que condenó por los delitos de atentado, lesiones leves y daños a las penas de un año y siete meses de prisión e inhabilitación para el derecho de sufragio pasivo y a dos penas de multa de cuatro meses.

Todo lo narrado no tendría mayor trascendencia en un país donde se dictan con frecuencia sentencias contra políticos de todos los colores, de no ser porque Pablo Iglesias salió, en cuanto se hizo público el pronunciamiento judicial, en defensa de su correligionaria: «En España mucha gente piensa que corruptos muy poderosos quedan impunes gracias a sus privilegios y contactos, mientras se condena a quien protestó por un desahucio vergonzoso».