Iglesias: cómo hacer caótico lo sencillo


La cosa parecía sencilla. Después de cuarenta días confinados en sus casas, y siendo los únicos a los que se les había prohibido cualquier contacto con el exterior, en cuanto la situación lo permitiera la primera medida debería ser la de dejar que los niños pudieran pasear. Salidas cortas y diarias acompañados de un adulto y manteniendo la distancia social para impedir nuevos contagios. Parecía fácil. Obvio. Pero no para el Gobierno, que para adoptar una decisión tan simple y esperada como esa, quizá la única compartida por todos los partidos y toda la sociedad, construyó un gigantesco laberinto burocrático dividiendo la responsabilidad de algo elemental en varios ministerios y en un sinfín de comités de todo tipo para que todos metieran baza en la medida. Y todo, para acabar decretando que los niños no podrían salir a pasear, pero sí ir a los supermercados, que son prácticamente el único posible foco de contagio para millones de españoles, cuya única obligación ineludible es comprar comida pese a los riesgos.

La decisión fue alucinante. Pero, como siempre, las explicaciones a lo inexplicable son aun peores. Asegura el Gobierno que ese decreto, que dejaba a los niños sin salir a pasear y expuestos al virus en el súper, pasó de mano en mano hasta llegar al Consejo de Ministros sin que nadie advirtiera el despropósito ni intuyera la respuesta social que provocaría el engendro, porque todos estaban muy centrados en las medidas económicas. Y que solo cuando vieron la que les caía decidieron reaccionar. Al final, los niños saldrán a pasear, como es lógico. Pero lo ocurrido demuestra la absoluta desconexión de algunos miembros del Gobierno con la calle. En el caso de Pablo Iglesias, el capitán posteriori capaz de aprobar esa aberración, ponerse luego una medalla por rectificarse a sí mismo y pedir después perdón a los niños no por su error, sino por el de quien lo comunicó, quizá esa desconexión se deba a que, como él presume, tiene chalé con pradera y piscina y llega desahogado a fin de mes. Pero quizá también a que, en lugar de centrarse en los problemas reales de la gente y en la gravísima crisis sanitaria, anda más ocupado en acusar a los jueces de absolver a corruptos y condenar injustamente a su amiga Isa Serra -que solo atentó contra la policía-, o en desviar la atención sobre los errores del Gobierno haciendo un totum revolutum con las fake news, los bulos y las críticas a la gestión del Ejecutivo para acallar así a los desafectos.

El problema es que con un Gobierno que toma una medida por la mañana y la contraria por la tarde, todos podemos ser sancionados, digamos lo que digamos. Habría que haber dicho primero amén a que los niños no puedan pasear, y luego amen también a que lo hagan. Lo preocupante es que las decisiones que marcan la salud y el futuro económico de España estén en manos de alguien capaz de convertir algo tan sencillo como que los niños paseen un rato al día en un caos para el que, todavía hoy, no hay normas claras. Según Iglesias, «en los próximos días» publicará una guía. No den nada por seguro. Un comité lo está estudiando.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
35 votos
Comentarios

Iglesias: cómo hacer caótico lo sencillo