Cartas al director: «A los políticos: ¡despierten ya!»


No pido milagros

Hoy tengo la necesidad de decir que siento vergüenza por todos ustedes, queridos políticos. Siento pena por el tiempo que se dedican a soltar sapos y serpientes por sus bocas. Mientras, muchas familias sufren el dolor de la perdida de los suyos desde que empezó este virus. Díganme: ¿saben qué es sufrir? ¿Perder a los que amas? Déjense de majaderías y únanse de una vez. No pido milagros, pido respeto por el dolor de España. Hoy luchamos contra un virus que no deja tregua y nos arranca a nuestros seres queridos. Estamos cansados de escuchar palabras vacías, queremos acciones. ¡Despierten ya! Vean la realidad, dejen de discutir como gallos del corral. Alexia Rodríguez Pequeño. Vigo.

Empleado con ERTE, empleado «con suerte»

El Expediente de Regulación Temporal de Empleo se ha instalado en las vidas de muchos trabajadores de este país. Sabemos que los peor parados van a ser los autónomos y aquellas pequeñas empresas que no gozan de tan buena salud como las grandes. Pero precisamente esas grandes empresas son las que están achuchando más a sus trabajadores. Empresas de renombre que dedican sus esfuerzos a limpiar su imagen donando pantallas de protección a asociaciones y residencias de ancianos. que, ojo, no digo que sea una mala acción, al contrario. El problema viene cuando ni siquiera a los de dentro de tu casa pretendes cuidar. Algunas instalaciones pretenden que sus trabajadores en ERTE a media jornada trabajen 6 u 8 horas en lugar de las 4 que por ley les toca. Eso sí, más les vale fichar únicamente por las 4 horas, ya que puede haber una inspección. Pretenderán que estén contentos porque «por lo menos tienen trabajo», eso sí, a costa de cobrar la mitad del sueldo y que el restante hasta el 70 % lo pague el Estado. Una gran maniobra de la que únicamente sale beneficiada la empresa. Si las inspecciones de Trabajo no hicieran la vista gorda, mucha justicia se repartiría en tiempos víricos. María Sánchez. A Coruña.

El derecho a saber en tiempos del COVID-19

Ayer 21 de abril mi prima de 21 años se levantó temprano para alisarse el pelo. Era presumida y tenía una lección por Zoom. En tres horas se empezó a encontrar mal, tuvo un fallo multiorgánico y nos dejó. Sin más explicaciones. Pese a lo insólito de la situación y los muchos precedentes de sepsis y reacciones inflamatorias en casos de coronavirus, nadie le hizo (ni a ella ni a sus padres) la prueba del COVID-19. No han permitido que le hagan una autopsia: fallecía a las 3 de la madrugada y a las 5 de la tarde se la habían llevado para incinerarla. Sin más explicaciones.

Todos entendemos que estamos en circunstancias excepcionales, y hemos dado al Gobierno poderes para excepcionalmente limitar nuestras libertades, impedirnos trabajar, frenar nuestra economía y poner nuestra salud psicológica y la de nuestros hijos en riesgo. Pero estas facultades excepcionales no son ilimitadas, se circunscriben a lo que sea necesario para contener la epidemia y tienen un límite muy claro y muy preciso en las explicaciones. Tenemos derecho a que se limiten a lo estrictamente necesario y proporcional. Tenemos derecho a saber por qué se muere una niña sana de 21 años, es un derecho humano que, entre otras cosas, ha servido para abrir tumbas de la Guerra Civil por el derecho a saber. Nosotros, por desgracia, no podremos ver reconocido nuestro fundamental derecho a saber porque lo han reducido a cenizas. Carmen Bullón Caro. A Coruña.

¿Qué está pasando?

¿Qué está pasando para que la gente pueda respirar aire puro sin salir de las ciudades? ¿Qué está pasando para que nuestras calles y parques sean visitados por animales en libertad que antes era difícil ver en nuestros montes? ¿Qué está pasando para que el vecino que no te saludaba, hoy te cante «cumpleaños feliz»? ¿Qué está pasando para que las aguas turbias de Venecia se hayan vuelto transparentes? ¿Queéestá pasando para que a finales de abril nadie tenga programadas sus vacaciones de verano? ¿Qué está pasando para que los alumnos aprueben curso sin superar todos los trimestres? ¿Qué está pasando para poder llegar a comprender que se puede vivir sin consumismo? ¿Qué está pasando para no saber con certeza si esto es realidad o ficción? Francisco Apenela Castillo. A Coruña.

Todos necesitamos salir, no solo los niños

Escribo en relación con las decisiones del Gobierno sobre las medidas de apertura, en concreto con el hecho de que se vaya a permitir pasear a los niños. La mayor parte de los ciudadanos, no solo los niños, llevamos casi seis semanas encerrados en casa. Se nos dice que los adultos podemos salir a comprar y a pasear al perro. Pero es que la mayoría no tenemos perro y desplazarnos 100 metros para entrar en un supermercado es una actividad que genera estrés, no es un paseo. Entiendo que la sociedad tiene que preocuparse por la infancia, pero todos estamos sufriendo las consecuencias físicas y psicológicas del encierro. Y también necesitamos airearnos y que nos dé el sol. Andrea Fernández Carrín. Madrid.

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Críticas de Trump

É de sobras coñecida a escasa ou nula empatía que Donald Trump sente por calquera outro país distinto do seu. Que o noso tampouco está entre as súas escasas predileccións tamén. Na súa mensaxe de autosuficiencia e prepotencia non entra ningún tipo de autocrítica ou asomo de dúbida naquelas decisións que leva a cabo e por suposto tampouco na propia xestión da pandemia, que contrasta, segundo el, coa que están a levar outros países, entre eles España. Debería máis ben gastar as enerxías en solucionar os seus propios problemas relacionados co COVID-19. Pero esas críticas deben ser un acicate para que aquelas resolucións que tomen os nosos representantes non repitan erros (especialmente no que se refire á protección do persoal sanitario e dos centros de maiores).

A xestión dun problema como o que estamos a vivir colleu a todos os países en fóra de xogo. Esa xestión non é nada doada. Pero neste momento máis que criticar é preciso arrimar o ombreiro. Xa chegará o momento das críticas. Das reflexións. Das correccións dos erros. Manolo Romasanta Touza. Sigüeiro.

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