Dos de nuestras heroínas


Nunca estar solo se ha vuelto tan imperativo como en estos días, sobre todo para aquellas y aquellos que están en el frente de batalla. Los que aguardamos en la trinchera debemos aguantar entre las paredes de nuestros hogares recordando a cada minuto a los que se están dejando la piel para cuidar a los que van cayendo. Los médicos, enfermeras, auxiliares, personal de limpieza, los técnicos de laboratorio, el personal de seguridad y tantos otros. Personal que sigue careciendo de mascarillas y que se la juega cada vez que pone el pie en el hospital. Personal que agradece infinitamente nuestros aplausos de las ocho de la tarde pero que sigue necesitando equipamiento.

Personal como Montse, la personificación de la alegría, quien se ha quedado sola en casa. Y la soledad a veces le pesa. Sus hijas y su marido se marcharon a la aldea antes de decretarse el estado de alarma. No solo tienen más opciones para estar al aire libre, sino que así los protege de cualquier contagio. Y es que Montse es enfermera. De los quirófanos se ha incorporado a donde la necesitan más. Horas y más horas en el hospital intercaladas con tiempos de descanso en un hogar ahora silencioso. Pero su soledad no es tanta. Tiene un vecinito, un niño tímido que nunca se atrevía a hablarle cuando se cruzaban en el ascensor o en la entrada del edificio, pero que le ha enviado un avión de papel con una chocolatina y un mensaje de ánimo y agradecimiento por su labor. Confieso que ver las fotos por wasap me ha emocionado.

 Paula, también enfermera, más estoica pero igual de cálida y afable, comparte su hogar con su marido y su hijo. Cuando le pregunto cómo está me contesta con otra pregunta y un ofrecimiento: «¿Necesitas algo? Ya sabes dónde estoy». Siempre preocupada y dispuesta a ayudar a los demás.

Este es el tipo de personas en las que están nuestras vidas: generosas, amables y valientes. Personas que llevan décadas ayudando a los demás con contratos temporales porque las cuentas del estado son más importantes que la estabilidad de sus vidas. Ojalá que cuando esta terrible crisis pase reciban la recompensa que se merecen: un trabajo fijo con condiciones dignas. Se lo merecen. Nuestro agradecimiento infinito siempre lo han tenido. Bravo.

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