Se me rompe el alma


 

Lloro cada día

Lloro por todas esas personas fallecidas que murieron solas, sin consuelo y sin reconocimiento alguno. Lloro por todas esas familias destrozadas que no pueden despedir a sus seres queridos. Lloro por los enfermos que se debaten entre la vida y la muerte. Por los que luchan cada día contra el enemigo invisible y que sienten la desolación de que a veces no han podido vencerle. Lloro por esos ancianos en sus residencias expuestos al peor de los desenlaces y también por aquellos que viven felices con la paz de saberse en manos de Dios. Lloro por las personas solas cuyo único consuelo era la misa diaria y hasta eso se les ha arrebatado. Lloro por los niños encerrados en sus casas, sin poder disfrutar del calor del sol, de las gotas de agua de la lluvia, sin poder correr, sin poder jugar al aire libre, sin poder coger la arena de la playa y sin poder tocar el agua del mar. Lloro por esos jóvenes y adolescentes. Lloro por todas esas personas que han perdido su empleo, su empresa, su casa, sus ilusiones. Y lloro, al fin, por todos nosotros, condenados a un encierro que no termina, y que estamos pagando injustamente por la gestión de un gobierno, sabiendo que este encierro físico es el anticipo de un encierro peor: el encierro moral. Virginia R. Mateos. Vigo.

Tratantes de vellos

Ó igual que moitos galegos, os 600 euros mensuais que cobro da agraria non me chegan para unha praza nunha residencia de vellos. Fan falla sobre 2.000 . Iso é froito das políticas sociais da Xunta. Co seu afán privatizador (externalizar din eles) conseguiron que, durante esta pandemia, moitos dos nosos maiores pasaran un final da súa vida amargo como nunca imaxinaron. Os xeriátricos que a Xunta vendeu a empresarios e fondos de inversión son auténticas rateiras onde se amorean residentes sen distinción de mortos ou vivos. E iso a pesar dos esforzos dun persoal ,desbordado e en precario ( es el mercado amigo ), que fai o imposible para que as últimas horas dos nosos anciáns non sexan un auténtico film de terror. Botaranlle a culpa ó coronavirus pero a vida da xente que levantou o país e nos legou todo o que temos non pode deixarse nas mans de fondos voitre. Os seus coidados e atencións non poden ser un negocio. Mª Francisca Rodríguez Cabanas. Ferrol

Diferencias entre políticos y militares

Uno se pregunta, en medio de tanta intoxicación informativa y, sobre todo, al ver las estadísticas de bajas, por qué no funcionarán los gobernantes con la misma prontitud y eficacia que los militares. Circula un vídeo en el que un general, a pesar de la mascarilla, explica claramente el funcionamiento de las unidades militares; una perfecta organización en la que un Estado Mayor planea y dirige las operaciones en curso, mientras otro va programando las operaciones futuras. Todo un engranaje funcionando con eficacia, en silencio y sin alardes, en el que cada elemento sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo, sacando el máximo rendimiento de sus escasos medios, y a pesar de lo imprevisto y desconocido de un enemigo que dio la cara cuando ya estaba dentro. Los informativos nos cuentan hoy cómo las autoridades están planeando hacer y las medidas que se estudia tomar para proporcionar medios de lucha. Planear y organizar ahora, cuando ya llevamos un mes confinados por la alarma, las bajas se acercan dramáticamente a ciento cincuenta mil y los muertos oficiales son cerca de 15.000. Qué triste y abismal diferencia entre esos soldados de campaña, que en su código de valores tienen muy clara su misión de «servir al pueblo español» y esos especialistas en campañas, que improvisan mientras son incapaces de privarse de sus dietas, y «se sirve» de este enorme y sufrido pueblo. Pero a pesar de sentirnos dirigidos por tan malos gestores, a pesar de no renunciar a nuestro legítimo derecho de sentirnos bien mandados, seguiremos emocionándonos cada día con unos sanitarios que luchan y mueren con más valor que medios, aplaudiremos diariamente a unos profesionales valientes que se están vaciando con su trabajo en todos y cada uno de los servicios esenciales. José Fernando Navas Ramírez-Cruzado.

Vuelve Orwell

Con qué facilidad y docilidad renunciamos a nuestros derechos más elementales, las libertades quedan suprimidas, nuestras tradiciones prohibidas, nuestros muertos sin sacramentos condenados al crematorio, el humanismo difuminado, las almas al limbo en nuevo catecismo ateo, la discriminación descollando, los privilegios acrecentados, la eficiencia manipulada, la selección natural alterada, los recursos tutelados, la responsabilidad escamoteada, la disidencia menospreciada, etcétera. Lo que nos proporciona una doble experiencia, si cualquier iluminado profundiza en la situación que experimentamos, podrá desarrollar una estrategia tendente a inversiones previas en aquello que le convenga, expandir un virus, limitar derechos, imponer una determinada política social y económica sin control, y amparase siempre en el beneficio partidista enmascarado de general, son las viejas teorías orwellianas y conspirativas. Pero, en todo caso, para evitarlo, para impedir tentaciones, ventajas e ideas contradictorias, solo existen recetas democráticas, el control exhaustivo, la información veraz y la participación, que en estos casos deben ser más extremas, sin relajamiento, no puede valer la apelación a la lealtad, a la solidaridad y a la unidad.

En este contexto se precisa, ese control, esa información cierta y plural, la reciprocidad de todas las instituciones, la intervención de las fuerzas y representaciones sociales a todos los niveles, porque de no ser así, los principios democráticos estarán enajenados y las decisiones deslegitimadas, el esfuerzo que se pide e impone, solo es posible con estos contrapesos. Miguel Ángel Quintela Prieto.

 

La gestión pública del coronavirus

El de la foto soy yo. Está tomada el día 29 de enero de este año en la terminal del aeropuerto de Barcelona. Dos días antes de la detección del primer caso de COVID-19 en España (el 31 de enero). Recuerdo además que el primer fallecido se registró el 13 de febrero. Aquí empieza mi historia: a la vista de las informaciones que llegaban de China, desde el día 26 de enero, en mis frecuentes viajes de trabajo, empecé a utilizar mascarilla y a adoptar otras medidas básicas de protección frente al contagio. Consideraba ya entonces necesario protegerme a mí mismo y proteger la salud de mis allegados y de la gente en general. Iba a contracorriente: mi actitud era una excepción: en los aeropuertos y aviones sólo veía a unos pocos pasajeros asiáticos utilizando mascarillas. Ni siquiera el personal de los aeropuertos o la tripulación de cabina de los aviones adoptaban ninguna medida preventiva. Me parecía algo inaudito. No escapa a nadie comprender el riesgo de contagio que entraña por ejemplo una azafata de control de embarque, compartiendo documentos de identidad, tarjetas de embarque y teléfonos móviles... ¡con miles de pasajeros! y esto sucede en miles de controles de embarque de todo el mundo.

El día de la foto, en uno de esos controles de embarque, con respeto y amabilidad, sugerí a la azafata que me atendió que solicitase a su compañía equipos de protección individual (por su seguridad y la de los pasajeros que atendía). La azafata ni siquiera se dignó a responderme (quedó muda) y me lanzó una mirada que no llegué a determinar si era de desdén o enfado por mi inocente y bien intencionado comentario.

Si un simple ciudadano de a pie como yo, con escasos conocimientos sanitarios/epidemiológicos y escasa información sobre lo que estaba sucediendo, el día 26 de enero llegó a la conclusión de que era necesario adoptar medidas preventivas... no encuentro justificación posible para que nuestros gobernantes, con información y competencia privilegiadas, no adoptasen absolutamente ninguna medida preventiva en esas fechas tempranas. La vida seguía para todos con absoluta normalidad, como si fuésemos inmunes a esa enfermedad que padecían los chinos. Los gobernantes nos aseguraban que ir manifestaciones, al fútbol o al restaurante era absolutamente seguro, que no había por qué preocuparse. En cualquier farmacia sobraban mascarillas, geles hidroalcohólicos y guantes de látex. ¡Felices en la ignorancia! El único síntoma de preocupación se manifestaba en algunos sectores de la sociedad, que empezaban a ver un riesgo de contagio en los chinos residentes en su barrio.

Aquel era el momento de empezar a planificar, coordinar y adoptar medidas técnicas racionales, proporcionadas y eficaces para anticiparse a lo que iba a venir (que por cierto ya se estaba haciendo en esos días en otros países como por ejemplo Corea del Sur).

Ahora, además de la emergencia sanitaria que sufrimos, las medidas draconianas e improvisadas que se están adoptando están originando ya una emergencia económica que acabará convirtiéndose en un drama social si las estrategias no se cambian pronto. Ojalá me equivoque.

Por eso desde aquí lanzo un llamamiento para la constitución de un gobierno provisional tecnocrático de emergencia. Un gobierno constituido por personas responsables, competentes y coherentes, que se rijan por la objetividad y la racionalidad, que tengan en cuenta exclusivamente el bienestar social y no los cálculos electoralistas o la exposición a los ataques de la oposición. Un gobierno de líderes que prediquen con el ejemplo y renuncien a sus privilegios de casta en un momento crucial e histórico en el que toda la sociedad sufre y padece. Un gobierno a la altura de las circunstancias y a la altura del comportamiento ejemplar de la población.

Sé que esto no va a suceder, pero al proponerlo creo que cumplo con un deber cívico y moral. Mis condolencias para los que más están sufriendo. Un abrazo a todos. ¡Animo!

Domingo Rey Peteiro

Los autónomos no somos el enemigo

Era un viernes, próximo a la primavera, e hicimos lo que todos los viernes: cargar neveras de cara al fin de semana, cervezas, vinos, carnes,verduras...

Y cayó la tarde, y aún no era la hora de cenar y usted, señor Feijoo, muy responsable y correcto, nos comunicó que a las 00:00 horas de ese mismo día al cerrar no podríamos volver a abrir. ¿Y sabe qué? Lo hicimos, sin protestar, sin quejarnos.

Al día siguiente, más o menos a la misma hora, Sánchez decretó el estado de alarma y nosotros abrimos las neveras, aprovechamos lo que pudimos, tiramos lo que no se podía aprovechar, vaciamos barriles de cerveza recién pinchados y tiramos vinos recién abiertos, pero no protestamos y no nos quejamos, porque sabemos que es necesario.

Vino el final de marzo y pagamos la cuota de autónomos, vino principio de mes y negociamos con nuestros caseros... Y aquí seguimos, seremos los últimos en incorporarnos y con restricciones, y callamos y acatamos porque somos responsables y esto nos importa.

Entonces, yo me pregunto: ¿Por qué nos tratan como delincuentes? Somos autónomos, que como ustedes intentan ser responsables y hacer lo mejor y lo que podemos, no somos unos locos que hemos tirado nuestros negocios, sólo hemos cumplido con las leyes...

Y por eso nos castigan? ¿Y por eso no nos permiten seguir manteniendo a nuestras familias?

Piensen de verdad quién es el enemigo, pero, desde luego, los autónomos no.

María José Pérez Mosquera. A Coruña

Hai que rematar o curso escolar?

As xentes de todos lugares é coñecedora do esforzos das persoas que conforman a sanidade para dar respostas á situación coa que nos atopamos. Paladíns da saúde que caen, en moitos casos, pola propia pandemia e seguen.

Hai quen pide que se pechen os centros, que remate o curso académico en infantil, primaria e secundaria. O espazo da institución escolar é de tal importancia que posúe oportunidades para trascender o ámbito dos lugares específicos nos que se imparte docencia. Tal idea precisa de actitude profesional e coordinar esforzos para poñer en común estratexias.

Desta maneira, a escola pode procurar, por unha banda, o compromiso da sociedade na tarefa de educar. Isto significa falar dunha transformación da escola nun lugar no que se interactúa coas familias para chegar ao alumnado, onde se coñecen as necesidades da contorna no que se sitúa a organización educativa e os recursos humanos e materiais que se deberan empregar.

A partir do dito, deben aparecer xeitos para a comunicación nos que se busquen momentos para a relación e se constrúan canles que faciliten a confianza, a cohesión social, a conformación dunha comunidade de aprendizaxe, a interacción coa sociedade e os servizos onde se está insertada a institución educativa...Todo iso coa intención de exercer un influxo favorable sobre a mesma e recibir todo aquilo que contribúa a unha mellora do propio sistema escolar.

Nese sistema aparecen, en primeiro lugar, os vínculos próximos de carácter máis afectivo e social sostidos directamente coas familias do alumnado que asiste ás garderías, aos centros de educación infantil, primaria, secundaria e bacharelato. Se as familias son as verdadeiras responsables da educación das fillas e dos fillos, os centros nos que se atopan escolarizados, como institucións complementarias, deberan arbitrar mecanismos que permitan unha colaboración eficaz polo ben da diversidade de alumnado que titoriza.

Estamos nun momento para estar de maneira individual e sen presencia física exercendo a función titorial na portavocía dun proxecto de centro onde esteamos destinados. Hai que titorizar cunha asistencia fresca e de axuda que chega dunha institución que trascende os muros do recinto educativo. Mais isto no é cuestión de individualismo persoal. Desde dentro, hai que organizar para dar unha imaxe colectiva e de comunidade de aprendizaxe docente que propociona respostas e que ten medios propios e busca axudas dos servicios municipais, de correos, entre as familias próximas, das federacións de ANPAS, dos medios que puxo a Administación educativa... para que chegue a mensaxe de esperanza e de apoio que se precise en cada lugar do territorio onde xorde o auxilio.

Moito do noso alumnado sentirá a nosa presencia inerte a través de distintos mecanimos das tecnoloxías de mesa, móbiles, tabletas, teléfono, a solidariedade de familias próximas, servizo de correos, asistencial de carácter municipal… Haberá quen non dispoña… Fórmulas creativas colectivas que aporten respostas a favor das familias e alumnado.

Saiamos fóra e indaguemos para facermos presentes na ausencia. Logo virán os contidos curriculares que colgaremos na andamiaxe.

Non reciben atención as persoas enfermas confinadas nas casas polo persoal sanitario?

Por que as persoas que se nos supón educadoras non podemos facer o mesmo?

Que sucedería se pecharamos os centros adicados a combatir o COVID 19? Manteñamos abertos os centros para atender ás familias e ao alumnado!

José Luis González Fernández (mestre)

Las heroínas no llevan capa, sino pijama

Son las siete de la mañana. Mi madre, procurando no hacer ruido, se levanta y se prepara para ir al trabajo. Ella es de esas que pese al confinamiento sigue yendo a trabajar. Yendo a trabajar para cuidar de nuestros mayores, esos que un día nos cuidaron a nosotros. Armadas de pijamas y un material de protección rudimentario, luchan para mantener al enemigo a raya. Ese al que las armas no le afectan, ese al que incluso Trump o Merkel temen, ese al que solo le escarmienta la vocación y la energía que se esconden detrás de un EPI reutilizado. Porque las heroínas no llevan capa, sino pijama.

Pedro Brea Rego. Milladoiro (Ames)

UME, para servir

Uno se pregunta, al ver las estadísticas de bajas, por qué no funcionarán los gobernantes con la misma prontitud y eficacia que los militares. Circula un video en el que un general, a pesar de la mascarilla, explica claramente el funcionamiento de las Unidades militares; una perfecta organización en la que un estado mayor planea y dirige las operaciones en curso, mientras otro va programando las operaciones futuras. Todo un engranaje funcionando con eficacia, en silencio y sin alardes, donde cada elemento sabe lo que tiene que hacer y cómo hacerlo, sacando el máximo rendimiento de sus escasos medios, y a pesar de lo imprevisto y desconocido de un enemigo que dio la cara cuando ya estaba dentro.

Los informativos nos cuentan hoy, con más euforia y optimismo que realidad, lo que las autoridades están planeando hacer y las medidas que se estudia tomar para proporcionar medios de lucha. Planear y organizar ahora, cuando ya llevamos un mes confinados por la alarma, las bajas se acercan dramáticamente a ciento cincuenta mil y los muertos oficiales son cerca de 15.000.

Qué gran diferencia entre unos militares y Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, preparados para la lucha contra el mal y cualquier amenaza que atente contra nuestra sociedad, y unos políticos más preocupados por controlar a los medios de comunicación y manejar a los ciudadanos que a defenderlos.

Qué triste y abismal diferencia entre esos soldados de campaña, que en su código de valores tienen muy clara su misión de «servir al pueblo español» y esos especialistas en campañas, que improvisan mientras son incapaces de privarse de sus dietas

Qué hermoso el himno de la UME cuando animan a estar siempre alerta en la tragedia, a que el daño no sea mayo, y a luchar con lo desconocido, protegiendo al débil del mal, servir con disciplina, valor y humildad, proclamando que guardar siempre la vida es su ideal.

Pero a pesar de sentirnos dirigidos por tan malos gestores, a pesar de no renunciar a nuestro legítimo derecho de sentirnos bien mandados, seguiremos emocionándonos cada día con unos sanitarios que luchan y mueren con más valor que medios, aplaudiremos diariamente a unos profesionales valientes que se están vaciando con su trabajo en todos y cada uno de los servicios esenciales, y nos sentiremos siempre orgullosos de este gran pueblo que lucha y se sacrifica en defensa de su dignidad. ¡Dios qué buenos vasallos si…!

José Fernando Navas Ramírez-Cruzado

Pactos de la infamia

En estos días aciagos, la democracia se ha ido ensombreciendo al mismo ritmo que crecía la pandemia en nuestro país. Al hecho de no haber tomado decisiones prudentes y sensatas se ha sumado la potencia de fuego de nuestro enemigo, la cual hemos infravalorado estrepitosamente; como consecuencia, cada día que pasa, aumentan sin parar las cifras de fallecidos y contagiados, llegando a cifras nunca vistas por catástrofe alguna en este país.

Ante esta tesitura, el máximo responsable político de este país abandera una suerte de pactos pretendiendo compararlos con aquellos que otrora nos permitieron las libertades que hoy se ven amenazadas. No hay comparación posible. Por demasiados motivos.

El primero y más evidente, los políticos actuales no llegan a la suela de los zapatos a aquellos que fraguaron nuestro camino al progreso. Casi ninguno. Están más ocupados en dar discursos a su parroquia que en poner remedios. Esa misma ceguera que los contamina es la que impide que reconozcan error alguno y por ende hallar una solución.

Segundo, después de haberse llenado la boca durante meses y dar lecciones al prójimo de como se ha de pactar, y de la importancia del diálogo, el Gobierno ha tomado todas las decisiones de manera unilateral, sin contar con nadie. Con una soberbia propia de otras latitudes. El más elemental de los análisis nos indica que esta disposición es incompatible con la voluntad de diálogo y por ende de pacto.

Tercero, se pide a las empresas que participen en este sucedáneo de pactos, a la vez que desde la Vicepresidencia del Gobierno se recuerdan artículos de la Constitución que pretenden evocar la nacionalización de aquello que fuera menester, como una velada amenaza que nos recuerda los regímenes más dictatoriales que aun persisten en el planeta.

Cuarto, se pide a la oposición que se sume a la iniciativa con lealtad, a la vez que desde la tribuna del Congreso se califica a la misma oposición con adjetivos como «desleal, incompetente, inútil», entre otros. De una manera peligrosa, se desprecia a esa oposición que vió como en las últimas elecciones sumaban más de ocho millones de votos, representativos de otros tantos españoles.

Quinto, por último y no menos grave si cabe, es incomprensible que los mismos que han sido incapaces de gestionar con eficacia las últimas cuatro semanas de nuestra historia vayan a decidir el futuro de las siguientes décadas con acierto. Otro paso hacia el abismo.

Por todo esto, más parece que se cocina una ingente infamia, que no acabará sino dando la puntilla a todos aquellos ciudadanos a los que el virus no dio vencido. Hay que ver, a veces pienso que el peor virus es nuestra subclase política.

Alberto Rodríguez Valín. Guntín (Lugo)

Alta costura

Leo en La Voz, con cierto vértigo, que algunas marcas de lujo ya están fabricando mascarillas con diseños exclusivos para convertirlas en un complemento de moda entregado a las tendencias. Me las imagino con estampado de leopardo, mensajes reivindicativos, o simplemente con el nombre de la firma. Los expertos llevan días aseverando, con un continuo serpenteo, que va a ser necesario generalizar su uso. Supongo que también será recomendable normalizarlo, pero no tengo claro si pasar de las mascarillas quirúrgicas a las de alta costura es una frivolidad que marcará estatus o una brillantez del márketing que nos ayudará a acostumbrarnos.

Flor Robleda Jiménez. Ourense

Nada impide

Nada impide ahora a los animales moverse a su antojo. Tampoco las plantas encuentran freno a sus aspiraciones. Los humanos estamos confinados, pocos motores se escuchan. Animales, árboles, arbustos, flores silvestres o sin asilvestrar, hierbajos varios y humildes, todos andan creciendo con bastante libertad, muestran sus flores con el orgullo de quien hace todo lo posible por dar lo mejor de sí mismo a los demás, sin temor a que los aplaste una bota. No hay tijera, hoz ni freno, así que sacan a relucir sus galas y quien sabe qué milagros harían si los humanos siguiéramos respetándolos. Entonces la Naturaleza volvería por sus fueros y nos miraría a la cara. Comprenderíamos que se trata nada menos que de la herencia de las próximas generaciones a la que nadie tiene derecho a dilapidar o maltratar. Hemos de encontrar el equilibrio entre nuestros intereses y los del resto de los seres vivos. Parece mentira que un virus consiga arrinconarnos en casa como si se tratara de un águila persiguiendo a su presa. Todos en la madriguera.

M. J. Vilasuso. As Pontes

La sociedad y el COVID-19

Emociona conocer estos días tantas iniciativas solidarias por todas partes, gracias a los medios de comunicación: muchos voluntarios fabricando mascarillas y otros productos necesarios, o ayudando en barrios y ONG para servicios asistenciales a personas vulnerables; empresarios que fabrican instrumentos sanitarios o promueven donaciones, siguiendo el impulso de Amancio Ortega; jugadores que bajan sus sueldos para ayudar; personas e instituciones que ofrecen gratis cultura, y entretenimiento para facilitar el encierro

Veo con agradecimiento el trabajo de tantos profesionales que nos sirven a todos, a veces con riesgo para su salud: sanitarios, personal de la limpieza, transportistas, profesores, periodistas, sacerdotes, militares, policías, agricultores y otros muchos…Y sufro con la dura situación de personas mayores en algunas residencias o discriminados en UCI de hospitales…Desde los comités de bioética y otras instancias se han recordado sus derechos.

Estar encerrados en casa tiene aspectos positivos: muchos aprovechan para hacer familia y atender mejor a cada hijo, realizar arreglos pendientes en la casa, conectarse con otros familiares, colegas y amigos, leer libros, ver programas interesantes, y seguir trabajando con el ordenador…Gracias a internet, el encierro es mucho más llevadero y permite muchas iniciativas solidarias… Aunque algunos sufren más la situación, por falta de salud o situación familiar y es real el problema económico que se nos avecina a todos, que exigirá sacrificio y una vida más sobria…

Viendo la televisión estos días me impresionaron tantas iniciativas y anuncios solidarios, positivos, que ayudaban a confiar en las personas y en el futuro de la sociedad.

También en el Viacrucis del Viernes Santo del Vaticano los textos elaborados por internos de una cárcel italiana decían cómo Dios y el esfuerzo de profesionales y voluntarios les había devuelto la dignidad y el deseo de ayudar a los demás.

Hay muchos motivos para la esperanza en tantos lugares…

¡Ojalá nuestros políticos estén a la altura de la sociedad..!

Gloria Solé. Santiago

Tenemos 30 años y somos la generación del «casi»

Una joven investigadora brasileña, en una imagen de archivo
Una joven investigadora brasileña, en una imagen de archivo

Los que este año cumplimos 30, somos la generación que hemos escuchado durante toda nuestra vida eso de que «vosotros los jóvenes no sabéis lo que era antes». Nacimos en una España en democracia con una cierta estabilidad, solo conocimos el terror de manos de ETA pero también vivimos su fin. Vivimos en 11S y el 11M, no sabemos qué es vivir una guerra, pero hemos visto el sufrimiento que provoca el terrorismo a través de una pantalla de televisión. Somos la generación a la que se le prometió un futuro al que no tuvieron acceso nuestros padres. Nos prometieron que con estudio y dedicación conseguiríamos los empleos, la realización personal y profesional y los buenos sueldos. Se nos vendieron tantas cosas, que casi serían.

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