La capacidad de resiliencia de Galicia y como re-orientar las salidas


Cuando se produce una ruptura o una disrupción rápida e intensa sobre los pilares de la economía, como es el caso de los efectos derivados del COVID-19, resulta preciso medir los índices de resiliencia; o sea, la capacidad para poder responder y volver a situaciones precedentes. Naciones Unidas la expresa del siguiente modo: «La resiliencia es la capacidad que tiene un sistema, una comunidad o una sociedad para resistir, absorber, adaptarse o recuperarse de sus efectos de manera óptima y eficiente, en particular mediante la preservación y restauración de sus estructuras y funciones básicas por conducto de la gestión de riesgos». De esta manera, resulta imprescindible analizar tanto el sujeto como el objeto de la misma. El primero viene determinado por la resiliencia de qué o por de quién; en tanto que el objeto vendrá motivado por la resiliencia a qué. Por eso se dice que, en un análisis de resiliencia, resulta ineludible interpretar las capacidades, las habilidades y los tiempos de respuestas del sistema ante una determinada amenaza.

Son varios los trabajos en los que se mide dicha capacidad de resiliencia. En uno de ellos se cuantificaron los índices a la luz de las distintas respuestas surgidas en la recesión del 2008. Se midieron tanto los indicadores de resistencia como los indicadores de recuperación. Los primeros nos indican la capacidad de encajar las repercusiones de una crisis o de los shocks externos; en tanto que el segundo nos subraya la capacidad de aprovechar las opciones y ventajas de crecimiento. Esto es, por un lado, se puede medir la vulnerabilidad; y, por otro lado, podemos tener una respuesta a nuestra capacidad de oportunidades. En el caso de Galicia la fotografía de dicha situación sería la siguiente. Somos una comunidad autónoma que encaja bien los efectos de la crisis, siendo más resistentes a los impactos de una recesión que otras comunidades. Sin embargo, poseemos una capacidad de recuperación mucho más lenta y limitada que los promedios nacionales, sobre todo en términos de empleo. Esto es, en las fases de recuperación económica creamos poco empleo, al punto que aún no hemos recuperado los niveles de ocupación del año 2008; y con ello, los efectos competitivos no se han desarrollado al completo.

En las actuales circunstancias resulta ineludible plantearse dos asuntos de vital relevancia. El primero hace referencia a como reorientar las estrategias del desarrollo, una vez pasado el confinamiento. No hay duda de que después de la recesión del 2008 nos concentramos en el cómo salir; pero no en cómo actualizar, posicionarnos y competir de forma más exitosa en el campo internacional. Aquí radica la asignatura pendiente de Galicia en lo que va de decenio. Resulta imprescindible abordarlo con el conocimiento que poseemos hoy en día, después de dos shocks de gran impacto. La segunda de nuestras reflexiones radica en pensar cuáles van a ser los ejes direccionales de la nueva sociedad; esto es, efectuar prospectiva de futuro. El Foro Económico de Galicia encargó a los profesores X. C. Arias y María Cadaval trabajar sobre el tema. El primero, de la Universidad de Vigo, comentaba el otro día en un brillante artículo que era preciso tener en consideración tres elementos: la tecnología, la velocidad de respuesta y la eficacia. Por medio de la primera implementamos planes y herramientas, respondiendo a situaciones de colapso. Tiene, asimismo, riesgos, como determinados controles y acceso a áreas restringidas, por ejemplo. La velocidad e intensidad de las respuestas resultarán básicas de cara a afrontar situaciones que contribuyan a evitar polarizaciones económicas, desigualdades sociales o la emergencia de escenarios de necesidades urgentes. Por último, la eficacia está fuera de toda duda, ya que es preciso lograr mejores ratios y reducir des-economías, sin poner en cuestión las relaciones sociales, la convivencia y los niveles de bienestar.

A día de hoy, las empresas prevén cambios muy notables en lo que atañe a sus estrategias. A modo de ejemplo, las que van a cambiar radicalmente son las referidas al campo energético (donde se apostará por una mayor dependencia de las energías renovables); las inmobiliarias y hoteles (con una continua re-evaluación de sus proyectos, productos y destinatarios); las infraestructuras y dotaciones de servicios (con efectos inmediatos y disruptivos en las actividades de consumo y de asesoramiento); las del transporte y logística (que requerirán apuestas por adaptaciones más rápidas, seguras y flexibles); y, en general, las vinculadas a los ámbitos de las telecomunicaciones, automóviles, industrias agroalimentarias, culturales o de entretenimiento, cuyas adaptaciones van a ser continuas y profundas en función de los nuevos hábitos de consumo

Por otro lado, ciertas actividades se van a considerar prioritarias e indispensables en un futuro próximo. Nos referimos a las actuaciones en el campo de la salud, de la asistencia social y de la investigación/formación. Por otro lado, las actividades referidas a la alimentación, a la logística y a la tecnología digital, se considerarán básicas y esenciales de cara al futuro; calificándolas, por tanto, de estratégicas. Por último, y por ello no menos relevante, son las actividades vinculadas a la seguridad, vigilancia y atención a la sociedad, en ese doble papel, que desempeñan las fuerzas y cuerpos de seguridad y la policía.

Por tanto, vamos a empezar a prepararnos.

Por Fernando González Laxe Ex presidente de la Xunta de Galicia

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