Coronavirus en EE.UU.: la incompetencia de Trump


La crisis del coronavirus ha expuesto a Trump como lo que es: un líder incompetente, ignorante, irresponsable. Incapaz de organizar y desplegar el vasto poder del gobierno federal. Tuvo casi dos meses para preparar la respuesta sanitaria y cívica a la llegada de COVID-19 y no hizo casi nada. Declaró que era «una patraña» de los demócratas. Confundió a la opinión pública contradiciendo las directrices de especialistas y médicos, con ese desprecio tan suyo por el saber científico, los datos, el conocimiento objetivo. Hizo estúpidos comentarios sobre su habilidad innata para saber de medicina. El gobierno decidió no usar el test creado en Alemania que distribuyó la OMS.

La iniciativa privada y algunos estados (Washington, Nueva York) tomaron la delantera para intentar contener la propagación del virus. En la costa este se suspendieron las clases en muchas universidades y colegios -en el mío llevamos recurriendo a las clases virtuales desde el 10 de marzo-. La decisión de la NBA el miércoles 9 de marzo fue capital para concienciar al país y a la comunidad internacional. Multitud de familias suspendieron sus viajes por las vacaciones de primavera -el Spring Break- y se quedaron en casa voluntariamente.

No fue hasta la noche del 11 de marzo cuando Trump se decidió a dar una comunicación oficial televisada, hablando al país desde el despacho oval -un as en la manga en el arsenal comunicativo de todo presidente-. El país estaba intranquilo, pero preparándose para el pico de la crisis. Pero su discurso disparó el nivel de miedo, que se ha acelerado desde entonces. El tono y el lenguaje (casi de crisis militar) de la alocución crearon desazón y alarma. Lo opuesto a lo que necesitaba el país. La bolsa se desplomó con las peores pérdidas desde 1987. El impacto para familias y empresas es devastador -para la clase media, no solo los ricachos de Wall Street: muchos sindicatos y empresas, en profesiones como enfermeras, doctores, profesores, policías, tienen sus planes de jubilación en bolsa en fondos de inversión-.

Trump es tan inepto que hasta se equivocó comunicando diversas medidas de su Administración, sembrando más pánico y confusión. Anunció que todos los vuelos desde Europa se cancelaban por un mes -se olvidó mencionar que los ciudadanos de EE.UU. podían regresar durante ese periodo a su antojo-; que se interrumpía también el movimiento de mercancías -lo que después negó en Twitter-; que las compañías de seguros no cobrarían por el tratamiento del coronavirus -éstas habían dicho que solo pagarían por los tests-.

Trump sigue gobernando como gobierna siempre. Ignorando los problemas globales. Con un bidón de gasolina y una caja de cerillas al lado. Sin liderazgo efectivo. Debería adoptar el consejo que le dio Jack Shafer en Politico: «Deja ya de hablar sobre el coronavirus».

Por Jaime González-Ocaña Doctor en Clásicas y profesor en Connecticut (EE.UU:)

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