Residencias de personas mayores: ¡ánimo!


Con una esperanza de vida al nacer de más de 83 años, Galicia es una de las comunidades en donde las personas mayores viven más años, siendo 21,6 años los que se espera que vivan los que ya han cumplido 65. Estas magníficas cifras, un importante logro de la sociedad, se ven mediatizadas cuando hablamos de personas mayores frágiles, que de acuerdo con sus características son más vulnerables para padecer enfermedades, ser institucionalizadas, requerir hospitalizaciones frecuentes o, incluso, fallecer.

Las personas frágiles tienen una menor capacidad de resistencia y de afrontamiento ante determinados agentes externos (bacterias y virus, por ejemplo) con lo que claudican más fácilmente, y más si los agentes externos son agresivos como lo son los coronavirus SARS-CoV-2 que dan lugar a las manifestaciones clínicas englobadas como COVID-19.

De los casi 2.699.499 gallegos, 679.530 (25,17 %) tienen 65 años o más y son más de 126.000 (4,67 %) los que superan ya los 85 años (IGE, 2020). Con estos porcentajes de personas mayores es fácil que haya muchas personas frágiles.

Señalar que un porcentaje pequeño (3,23 %) de estos mayores, que por diferentes razones no pueden permanecer en sus domicilios, están institucionalizados en las casi 22.000 plazas de residencia que tenemos en Galicia, plazas que, denominadas por algunos como «geriátricas», cumplen a las mil maravillas su función de ser una vivienda permanente en la que se presta una asistencia integral y continuada a las personas mayores, de acuerdo a los requisitos específicos definidos por la normativa vigente, en lo que se refiere a la vigilancia y cuidados de salud. Pero, evidentemente, estos centros no están dotados de personal ni de medios para atender una pandemia y menos cuando es tan agresiva como la que estamos sufriendo, siendo la Administración sanitaria la que debería proveerlos de dichos medios, sobre todo especializados, de una manera directa, rápida y eficaz; situación que en estos momentos no se produce, generando un gran problema de indefensión.

A pesar de todo, en Galicia, las cifras de personas mayores institucionalizadas contagiadas o fallecidas por el COVID-19 están muy por debajo de las que se están produciendo en otros ambientes y comunidades, lo cual, sin duda, nos reconforta y nos hace ver la magnitud del esfuerzo que profesionales y residentes de estos centros están haciendo, a pesar de la carencia de medios de protección y de ayuda especializada.

Por eso, este artículo de opinión quiero que vaya dirigido a ellos, los trabajadores de las residencias geriátricas, que lo están dando todo para salvaguardar a sus residentes del contagio, incluso institucionalizándose ellos.

Por José C. Millán Calenti Catedrático de Geriatría de la UDC

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