La estrategia de la locura


La locura es una patología de la razón y de la libertad, pero la psiquiatría clásica se ha contaminado con otro tipo de locuras, principalmente aquellas en las que el individuo razona perfectamente bien, pero en algún aspecto de su conducta está completamente perturbado -si por tal entendemos aquel que no se adapta al constructo de realidad imperante-. Todo tipo de patologías pueden encubrirse en gente que finge perfectamente la lucidez, desde pederastas perversos o asesinos en serie, hasta simples tramposos o ventajistas estructurales. Es mucho más difícil identificar a un loco que parece cuerdo que a un cuerdo que se finge loco. Este tipo de patologías han proliferado mucho más en el entorno virtual y han contaminado lo real.

Un compañero castellonense escribía al respecto en su blog: «Don Quijote es un simulacro, es decir, algo destinado a vivir una vida que en condiciones de lucidez no podría llevarse a cabo. Su locura emerge del Yo, y aunque no sabemos sus antecedentes, sabemos sus andanzas, que son en este sentido andanzas públicas, pues la locura lúdica precisa oyentes, seguidores, una corte de acompañantes, un grupo, un Nosotros que nos sirva para el espectáculo, ya que ningún espectáculo es posible sin público. Y hoy ese público está garantizado en Internet». No se puede expresar mejor en qué consisten este tipo de locuras lúdicas, que han proliferado hasta llegar al poder.

Todo cambio de estructura dentro de un sistema genera un tiempo de desequilibrio y de crisis hasta conseguir el cambio y la nueva estabilidad. «El Viejo Mundo se muere y el nuevo tarda en aparecer: en ese claroscuro surgen los monstruos». (Gramsci)

El coronavirus ha encendido el proceso de cambio estructural y eso es ya imparable. Ahora estamos en ese período crítico que media hasta conseguir el nuevo equilibrio y, como era de esperar, comienzan a surgir los monstruos. Monstruos como los locos lúdicos que aparentan cordura, monstruos tudescos como el ministro holandés, como Boris Johnson, como Trump, Bolsonaro, Lacalle Pou… Como tantos dirigentes que creen que protegiendo su trasero esquivarán un cambio irreversible, y aquellos que creen que tras la crisis podrán instaurar políticas e ideologías del mundo de ayer. Ninguna de estas locuras servirán para nada, porque no se puede desviar la flecha cuando esta está en el aire.

El mundo será lo que tenga que ser después de la pandemia. Y es paradójico pensar que es una sabiduría china escrita hace siglos por Zun Tzu en El arte de la guerra la que ofrece mayores posibilidades de adaptación. En ideograma chino «crisis» se compone de dos caracteres: peligro y oportunidad.

La táctica consiste en saber qué hacer cuando hay algo que hacer. La estrategia, sin embargo, consiste en saber qué hacer cuando no hay nada que hacer. La estrategia sin táctica es el más lento camino hacia la victoria. Las tácticas sin estrategia son el murmullo previo a la derrota.

La táctica actual la aplaudimos al atardecer y la sufrimos en los telediarios, lo que nos hace falta es una estrategia audaz para después de la victoria. Y me temo que quien ha de diseñarla no se sienta en ningún consejo de ministros del planeta.

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