¡Y espérense ustedes a la posguerra!


No debemos establecer un paralelismo entre la crisis que se inicia en octubre del 2008 y la actual del coronavirus. Las diferencias son innumerables empezando por el origen, ya que este es un impacto externo a la economía, presionando a la baja la demanda agregada desde fuera del sistema. Los efectos previsibles son también muy dañinos, pero ahora los paquetes de política fiscal y monetaria son creíbles, especialmente si estos se coordinan a nivel europeo. Eso sí, siempre que no haya fisuras, y no como ha sucedido recientemente con Holanda, o con la improvisación en las últimas medidas de confinamiento de este fin de semana. Esto no ayuda a generar la confianza. Sin embargo desde el 2008 hemos hecho muchos deberes en Europa, salvo en lo referido al control de la deuda sobre PIB en países como España (96 %) frente a Alemania (61 %). Pese a ello, las políticas fiscales y financieras anunciadas en la Eurozona, se admiten ahora como creíbles. La existencia y rodadura del MEDE (mecanismo europeo de estabilidad) y la reacción anticíclica de la política monetaria del BCE adquiriendo toda la deuda que emitamos, contribuirán previsiblemente a mantener el coste de la deuda pública del «rescate antivirus» en niveles razonables. Los avales a los créditos a autónomos y pymes, permiten mantener el mecanismo de transmisión monetaria, sin un aumento indeseable de la morosidad bancaria. La senda del déficit que se ha venido corrigiendo desde el 2013, hasta el 2,57 % del pasado ejercicio, transmite credibilidad sobre su control. La Bolsa ya empieza a dar algunas señales de un cambio de tendencia a pesar de la volatilidad. En estos casos los índices bursátiles actúan como indicadores adelantados de la situación económica.

Esta guerra tiene un final; sin embargo el problema es la desigualdad en su impacto temporal según países /medidas; es decir, el problema es la posguerra. El impacto económico será muy distinto en el caso español si son semanas que si son meses y se pierde la temporada de verano. Nuestra dependencia del sector servicios vía turismo, se puede complicar con el esperado acceso de europeos en verano. De ahí las dos posturas de los analistas, unos que mantienen una caída del 1,8 % de PIB para 2020 en España y otros un 9 %. Una de las claves se estará en si la aceleración del consumo después del confinamiento, volverá súbitamente o lentamente. Una parte de la demanda contenida se satisfará más tarde, otra se habrá perdido. En el empleo se espera un cambio brusco de tendencia, pero los ERTE mitigarán el efecto, tanto de la descapitalización por despidos, como de la pérdida neta de empleo. Los ERTE tienen valor en la recuperación, ya que es el mismo empleado el que vuelve, por lo que el factor formación/experiencia permanece inalterado. El traslado que ya se está produciendo en las empresas cotizadas desde el dividendo al mantenimiento de los salarios, y la previsible nacionalización temporal de algunos sectores como las compañías aéreas para evitar las quiebras, ayudarán. No estamos en el 2008, pero la variable plazo será la clave del impacto económico que tenga esta crisis.

Por Carlos Estévez Mengotti Profesor de Economía en la UDC. Director de la Cátedra de Internacionalización Fernández Somoza

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