Teletrabajo, la nueva revolución


Hace tres meses tuve una reunión con un ex alumno de nuestra facultad que venía de visita desde California. «Me estoy instalando en Madrid. Ahora voy a teletrabajar. La vida en Estados Unidos no es para mí». Debo reconocer que, aunque ya conocía algún caso, me sonó raro.

Y, de repente, hace quince días se declara el estado de alerta y, con unas someras instrucciones, todos nos vimos abocados a ese estado: teletrabajo. Yo ya conocía, y estaba usando, las nuevas herramientas informáticas que nuestra universidad nos había facilitado un año atrás, pero estaba lejos de sacarles el máximo partido. Como casi todo el mundo, empecé a ver vídeos, buscar información e, inmediatamente, estaba teniendo reuniones virtuales con un montón de gente, organizando grupos de trabajo desde casa... y dando clase desde una habitación. Un mundo nuevo.

Y apareció el primer miedo: ¿aguantará la red? Para entender la magnitud del problema sirva un ejemplo: el número de videoconferencias en la Universidade da Coruña ha pasado de unas 10 al día... ¡a más de 1.000! Algunos operadores han reportado aumentos de más de un 80 % en el consumo de datos de su red fija, por lo que el estado ya ha tomado algunas medidas llamativas, como pedir a Netflix o HBO que bajen la calidad de su emisión. De todos modos, aunque en algunos casos, o en algunos momentos, el tráfico se ralentiza, en general está aguantando, lo que es señal de que estaba correctamente sobredimensionado.

Así que, ¿qué hacemos cuando la emergencia termine? ¿Qué habremos aprendido sobre la forma de trabajar en el siglo XXI? Algunos apuntes:

1.- En algunos casos, y a nivel personal, trabajar desde casa puede ser muy positivo, tenemos las herramientas para hacerlo... y ya empezamos a saber usarlas.

2.- Y a nivel organizativo, muchas tareas que siempre hemos hecho presencialmente pueden optimizarse con las nuevas tecnologías: parte de la enseñanza o de la justicia puede hacerse por videoconferencia (podríamos reducir costes y empezar a liberar los juzgados), así como muchos actos administrativos o bancarios, por poner solo algunos ejemplos. Sí, algunas de estas cosas ya pueden hacerse de manera no presencial, pero hasta ahora era anecdótico.

3.- ¿Y por qué no aprovechamos el teletrabajo para, como hizo ese ex alumno (a otra escala) dejar las ciudades y volver a poblar el campo?

Y ahora necesitamos un baño de realidad, ya que despuntan dos grandes problemas. Uno, global: tenemos que estar preparados para un mayor consumo eléctrico vinculado a la Red. A día de hoy se estima que el sector TIC consume, aproximadamente, un 10 % de la energía eléctrica generada en el mundo... y subiendo.

El otro problema es más local y, seguramente, más urgente: Algunos de nuestros estudiantes nos han dicho que están en sus casas, en zonas rurales, y que ahí Internet va a su ritmo... Se ven limitados para seguir las clases on-line y quedan un poco desplazados de todo el ajetreo virtual que vivimos estos días.

Aparece una nueva necesidad: igual que hace 70 años hubo que transformar España para que los coches pudieran circular por todas sus esquinas, o 70 años antes hubo que llevar la red eléctrica a todos los hogares, ahora es preciso dotar todos los rincones de nuestro país de un sistema de telecomunicaciones eficiente, para que ningún hogar quede fuera del nuevo terreno de juego.

Y sí, va a costar dinero. Pero, seguramente, valdrá la pena. ¿Estamos preparados para una nueva revolución? Ya está aquí...

Por Luis Hervella Nieto Decano de la Facultad de Informática de A Coruña

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