COVID-19: cómo evitar que se sobrecargue Internet


En este momento de crisis sanitaria global, las personas nos vemos obligadas al confinamiento en nuestros hogares como medida necesaria para frenar la expansión del COVID-19. Una de las principales consecuencias que tiene está situación es el incremento exponencial del tráfico de las redes de telecomunicaciones. Según el documento firmado por los principales operadores, el tráfico a través de las redes IP ha experimentado incrementos cercanos al 40 % mientras que el uso del móvil ha aumentado alrededor de un 50 % en la voz y un 25 % en los datos.

Con este panorama, la sobrecarga de la red es inevitable debido a la filosofía de los agentes (ISP) y del mercado de telecomunicaciones. En un primer momento, las operadoras no deberían tener problemas de sobrecargas. Sin embargo, la realidad es que todas ellas construyen su red en base a aspectos como el grado de simultaneidad o sobre suscripción y, con este confinamiento, se verán obligadas a replantear esta situación si quieren evitar que esta sobrecarga se traduzca en problemas mayores.

Para entenderlo, hay que explicar que la forma en la que funciona la red es parecida a la del transporte público o las carreteras. La consecuencia de un mayor número de usuarios conectados de forma simultánea es una reducción de velocidad en la red (menor ancho de banda), mayor latencia (la información tarda un poco más en circular) y, posiblemente, problemas para realizar la primera conexión. Esto se traduce en que el usuario podría notar cómo tarda más en salir un correo, el capítulo de su serie favorita se corta en alguna ocasión o las llamadas telefónicas no siempre se establecen en un primer intento.

Hoy más que nunca, los usuarios necesitamos estabilidad y disponibilidad de red para poder navegar cuando queramos y que esta conexión se mantenga sin cortes. En el ámbito profesional, el teletrabajo exige estabilidad y cobertura de red. Las operadoras deben garantizar un caudal mínimo de datos para el correcto funcionamiento de las llamadas por IP, videoconferencias y el acceso a webs y correos. Por lo general un trabajador no necesitará un ancho de banda alto, pero sí tener la red disponible, con una cobertura decente y, lo más importante, con una velocidad/ancho de banda constante. Si el usuario dispone de estabilidad, la red VPN (Red Privada Virtual) se mantendrá sin cortes, pudiendo así acceder a los recursos de la empresa con normalidad.

A diferencia del teletrabajo, los usuarios sí necesitan disponer de un ancho de banda alto para dar respuesta al elevado número de dispositivos conectados, buena cobertura WiFi en cualquier parte de la casa y reducida latencia, importante para los amantes de los videojuegos.

Conseguir una mejor conexión depende de las operadoras y de las infraestructuras disponibles en la zona en la que se resida, pero también de la calidad del rúter instalado por la operadora que, aunque han mejorado sus prestaciones en los últimos años, aún no permiten al usuario elegir el modelo que mejor se adapte a sus necesidades. Sin embargo, no podemos olvidar que también depende de nosotros como usuarios. En nuestra mano está realizar un uso racional y responsable de la red priorizando las actividades primordiales como el teletrabajo y desplazando las de ocio a las horas de menor tráfico.

Por Ricardo Areias Director Técnico de TP-Link

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