Sillas vacías


La devoción por el fútbol que sentía Eduardo Galeano lo llevó a dedicar a este deporte algunas de sus célebres reflexiones vitales. «No hay nada menos vacío que un estadio vacío. No hay nada menos mudo que las gradas sin nadie», aseguraba una de ellas. El coronavirus que ha dejado a los jugadores huérfanos del aliento de los suyos y los campos inmensamente desiertos está demostrando que la ausencia de público provoca en todas partes el mismo efecto desolador, desde los patios de butacas a los platós de televisión.

Corría el año 2012 cuando el programa de La mañana, de TVE, que por entonces presentaba Mariló Montero, tuvo que prescindir de llevar espectadores en directo. Entonces era una cuestión de capital por ahorrarse los pocos eurillos que recibía cada asistente y por la necesidad del ente público de trasladarse a un plató más pequeño.

Ahora es una plaga amenazadora la que ha dejado vacantes las sillas de algunos de los espacios más vistos de la tele. Ana Rosa, Ya es mediodía, Todo es mentira y Sálvame, de Mediaset, y Zapeando, de Atresmedia, dejarán desocupado el hueco de los espectadores más por imagen y operatividad que por obligación sanitaria, ya que el aforo no llega a las mil personas. En TVE, OT ya fue pionero al prohibir a los aspirantes chocar sus manos con los fans y ha prohibido las firmas de discos. Ahora estudia si debería ir aún más allá.

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