Diseño, país y política


La noticia de la presentación del documental El hombre que diseñó España, sobre la obra de Cruz Novillo, coincide con un mitin de precampaña del Partido Popular de Feijoo en la Estación Marítima de Vigo. Nada que ver Cruz Novillo, «un paleto en Manhattan», con Feijoo -un cosmopolita en Galicia--. Pero la ligazón deriva del cartel que enmarcaba el acto de Feijoo, su diseño y el mensaje que querían transmitir.

Cruz Novillo cambió la imagen triste de un país diseñando anagramas y logos que se mantienen vivos cuarenta años después, como los de Correos, Repsol, la Policía Nacional o Renfe, y con ello contribuyó a recrear la imagen de una sociedad alejada del gris plomizo del franquismo, dando entrada a una explosión de creaciones nuevas para una sociedad abierta. Todo ello sucedió también en la Galicia de los años sesenta.

No les será difícil recordar la estética innovadora de los diseños y colores salidos del Laboratorio de Formas de Sargadelos. Anagramas, logotipos y colores cerámicos en figuras y textos que en aquella grisalla del franquismo desarrollaron Isaac Díaz Pardo, Luis Seoane y con ellos, después, Xosé Vizoso. Toda una cultura de comunicación visual que impregnó la sociedad gallega y fortaleció la identidad de Galicia. Diseño y colores del primigenio Sargadelos que en la identidad de Galicia fueron superponiéndose a los de Nós y Castelao de los años nacientes del galleguismo cultural y político.

El diseño y los logos en la política de la Galicia de la Transición y la democracia tuvieron novedades relevantes. Los logotipos y anagramas de Unidade Galega y de Esquerda Galega, de la mano de Manuel Janeiro y Paco Mantecón, dieron un paso más en una versión abierta y modernizadora del galleguismo y la identidad de Galicia. Eran aquellos trísceles de las culturas celtas que se reivindicaban, igual que hacían los druidas, como trinidad del pasado, el presente y el futuro de Galicia.

Y son esos mismos diseños y logos asociados al galleguismo los que ampararon el acto de Feijoo en la estación marítima de Vigo, con la vieira compostelana y una grafía de Galicia inequívocamente sargadeliana. Por más que el Galicia é moito del atril, enmarcado en dos trísceles, goce de una indefinición sin la fuerza política de aquel Galego coma ti con el que Alianza Popular inició su asentamiento en Galicia, a la manera de aquella Convergencia i Unió de Jordi Pujol y con muy poco que ver con el histórico PNV.

Por ello no sorprenden las acusaciones de Vox, socio del Partido Popular de Casado en los gobiernos de Madrid, Andalucía o Murcia, por nacionalista (sic) a Núñez Feijoo. Porque desde luego es cierto que ese Partido Popular, a la sombra de la FAES de Aznar, añora la España retratada en La escopeta nacional. Para los que dispongan de un momento les recomiendo que se detengan ante el cartel que Cruz Novillo realizó en 1978 para la película de Berlanga. Una idea de España que, compartida o no, debilitaría al partido de Feijoo en Galicia.

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