Profesionalidad a 8.000 pies

David Mosteiro EN LÍNEA

OPINIÓN

JUAN MEDINA | Reuters

08 feb 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

El pasado lunes, el vuelo de Air Canada AC837 se convirtió en el centro de atención mediática de toda España. Durante el despegue, una de las ocho ruedas del tren de aterrizaje principal del Boeing 767-300 sufrió un reventón. Inmediatamente, fragmentos del neumático fueron absorbidos por el motor número uno (situado a la izquierda) provocando el fallo del mismo. La tripulación, ante las indicaciones en cabina procedentes del motor dañado, siguiendo un procedimiento preestablecido, apaga el motor número uno y asciende a 5.000 pies (unos 1.500 metros de altura).

Posteriormente, según indicaciones del control aéreo, realiza lo que en el argot aeronáutico se conoce como «espera». Esta se realiza a 8.000 pies (algo menos de 2.500 metros) al sudeste de Madrid. Para el trayecto de Madrid a Toronto se necesitan muchas toneladas de combustible y, al aterrizar, el peso del avión es mucho menor que al despegue. Por ello, para no dañar la estructura del avión y correr el riesgo de sufrir un colapso del tren de aterrizaje, es necesario deshacerse de ese queroseno.

Dado que este avión en particular no está equipado para expulsar el combustible en vuelo, procede a dar vueltas en la espera, para gastarlo. Mientras esto ocurre, un avión de combate F-18 realiza una inspección visual de los daños sufridos por el B-767.