Pulsiones en América Latina


Bolivia, Chile, hace apenas dos meses y medio Ecuador, convulsionan. Venezuela lleva años haciéndolo, pero la apariencia de ser un problema irresoluble a corto plazo hace que apenas se le preste atención. La América populista de las dos últimas décadas ha fracasado. Basta cualquier excusa, paro, pensiones, privatizaciones, educación... y la chispa arde, como lo hace el efecto contagio en la región. Se pueden buscar enemigos externos, pero los viejos demonios propios cohabitan y dormitan a la vez . Hay tensión y el miedo masculla con su mirada entre cómplice y cobarde. Y no parece que se arregle con el antiformalismo jurídico de nuevas constituciones. El descontento tiene otras raíces que la superficialidad política del momento no ahogará. La violencia y la magnitud de las manifestaciones escapan ya a cualquier lógica, incluso antisistema. La deriva alcanza tintes desconocidos, tanto en la acción de los manifestantes como en la reacción represiva de las fuerzas de seguridad o del ejército. Dónde están el equilibrio y la proporción y quién los mide y valora es un interrogante que solo constata una realidad: decenas de muertos en los últimos meses.

Pero las pregunta son claras: ¿Cómo se ha llegado a este punto de polarización social y desgarro cívico? ¿Cuáles son las causas de semejante fractura y que protagonizan una violencia no vista en décadas? ¿En qué condiciones y cómo viven unas sociedades que, mayoritariamente, abrazaron políticas populistas de izquierdas y que hoy se manifiestan en realidades tales como poco crecimiento, desempleo y peores condiciones de vida, pese a que en países como Brasil se dijo que la brecha ricos pobres se redujo al crearse una potente clase media que salió de umbrales de pobreza? ¿Qué ha pasado? Y lo que es peor, ¿qué sucederá a partir de ahora sobre todo en ejes bipolares populistas/extrema derecha? Véase la situación política de Obrador en México y la de Bolsonaro en Brasil, dos polos antitéticos pero que pueden rozarse, llamados como están ambos a países a liderar -eso sí, a la manera latinoamericana- la zona centro y sur del continente.

Patrones comunes, a saber, carestía, desabastecimiento de alimentos, medicinas y bienes de primera necesidad, el precio de materias primas como el petróleo o el gas, la devaluación depauperada de la moneda, la inflación, el desempleo, etcétera, son realidades comunes en muchos países que amputan la viabilidad de estos y que ahora mismo convulsionan encaminándose hacia una quiebra irreversible. La mordaza a medios no afines, la persecución más o menos velada de políticos de la oposición, la violencia en las calles, el miedo y la amenaza son la identidad de quienes detentan el poder.

¿Se ha reducido la pobreza? ¿Han aumentado el nivel de vida, la calidad de la sanidad o su mismo acceso, la enseñanza, los índices de crecimiento de empleo? Ya no vale jugar con la demagogia y el vacío de discursos altisonantes. La realidad abofetea. Las élites se atrincheran y gobiernan sin mirar hacia al pueblo.

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