En educación, miren a Galicia


Cualquiera que conozca el sistema educativo no universitario (educación infantil, primaria, secundaria, bachillerato y formación profesional) sabe que en Galicia gozamos de muy buena salud. En la década de Feijoo se ha mejorado de modo notorio. Nuestra tasa de fracaso escolar está por debajo de las medias europea y española. La FP dual, innovadora y sólida, es un modelo en el que se fijan otros territorios. La atención a la diversidad se incrementó en los últimos seis años un 22 %. En 2018, por ejemplo, Galicia registró la tasa media anual más baja de abandono desde que hay registros, un 14,3 %, once puntos menos que hace diez años. Según el informe PISA, nos situamos a la cabeza de España en competencia científica y en los primeros puestos en matemáticas, superando el promedio de España, de la UE y de la OCDE. La inclusión y la igualdad son asuntos prioritarios en nuestras escuelas. La formación continua de los docentes ha avanzado tanto que, mientras en otras comunidades se han privatizado los servicios de formación, aquí no solo se han mejorado sino que se ha creado una red de formación con músculo, eficaz y con resultados sobresalientes que el pudor (ejerzo mi función pública en esa red) me impide pormenorizar. Se ha avanzado más que ninguna otra comunidad en educación, sin duda. En plurilingüismo, verbigracia, con más de seiscientos centros adheridos en una década. La década de Feijoo. Esa que algunos, con ostentosa mala fe, repudian.

De estos asuntos se tendría que hablar más. Pero el PP de Madrid ha preferido centrar el debate educativo en la bagatela del pin parental. Una futilidad. O un esperpento que han desempolvado los correctísimos miembros del Gobierno. No utilizo esa palabra, pero esta vez me lo permito: una solemne chorrada, lo del pin, digo. ¿Cómo se le ocurre a Casado entrar al trapo de esta nadería? Sin embargo, el PSOE lo tiene claro: su alimento es Vox. Y para Vox gobiernan. Para que Vox se consolide y crezca: de ahí su política de afectos con los independentistas, y su pacto navarro, y su podemización y su fiscal, y su Carmen Calvo (prodigio de los ingenios). De ahí recurrir la cosa del pin cinco meses después de tener constancia de tal majadería. Celaá centra (los hijos no pertenecen a los padres) y Casado remata. Le hubiera sido más fácil decir: la educación del PP es la gallega. ¿Conocen una mejor en España?

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