El pin parental, filón fenomenal


Horas después de apoyar el lunes en el Parlamento navarro el acercamiento de los presos de ETA, el Partido Socialista de Navarra cerraba un acuerdo para aprobar los presupuestos regionales con los, al tiempo, albaceas y herederos de una banda terrorista: EH Bildu. El PSN hizo ambas cosas tras haber prometido durante la campaña de las autonómicas de mayo que jamás pactaría nada con el partido proetarra. 

El mismo día que se conocía una noticia que avergüenza a cualquiera que sepa lo que es EH Bildu, el líder del PSOE y presidente del Gobierno anunciaba su próxima entrevista con Joaquím Torra, despreciando la abierta desobediencia del político catalán a las resoluciones de las juntas electorales central y barcelonesa, que ordenaron su cese inmediato como diputado, lo que lleva aparejada la pérdida de su condición de presidente de la Generalitat. Pero todo eso, claro, a Sánchez le da igual, como le da igual a sus compañeros de Navarra tratar como una fuerza democrática a la que recibe con flores a los pistoleros cuando salen de la cárcel.

Y es que, superado por los actuales dirigentes socialistas cualquier escrúpulo ético, lo único que podría frenar la deriva demencial en la que aquellos han metido a su partido sería el miedo al castigo del cuerpo electoral por comportarse de un modo que contradice muchos de los valores que el PSOE dice defender. Ocurre, claro, que para que tal reacción popular se produjese sería necesario que el primer partido de la oposición estuviese centrado en esos temas mollares de la política española (entre los que está también la economía, donde no hay día en que no llegue una noticia preocupante: anteayer, la rebaja en las previsiones del FMI de crecimiento para España), en lugar de haber convertido en primer asunto de debate nacional el del llamado pin parental, al que, con toda la razón, consideraba mi admirado Fernando Ónega ayer, en estas páginas, como «un regalo de los dioses» para el Gobierno y el PSOE.

Y para Vox, añadiría yo. Planteado como se ha planteado tal asunto, Sánchez y su partido y Abascal y el suyo tienen todo que ganar en la polémica. Frente a ellos, Casado y el PP tiene todo que perder. Por eso, el mismo Gobierno que no había prestado ni la más mínima atención a la medida puesta en vigor ¡en septiembre! por el Gobierno de Murcia ha echado ahora toda la carne en el asador para que no se hable de otra cosa.

Y para que además solo se hable de ella en los términos que le interesa al Gobierno (los buenos contra los malos: los progresistas -esos que pactan con los defensores de los etarras y con un presidente catalán que jalea a los incendiarios y pisotea la ley- contra las fachas) y no en los únicos en los que sería razonable discutir el tema de fondo que planta de verdad la mamarrachada del pin parental: la de la ausencia absoluta del más mínimo, pero indispensable, consenso político y social sobre las enseñanzas de carácter ético o moral (como se prefiera) que los niños deben recibir en las escuelas.

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