El bueno, el guapo y el maquiavélico


Cuando un presidente del Gobierno decide dirigirse a la nación, se supone que tiene algo de comunicar. Escuchada la entrevista concedida a TVE, es difícil encontrar un mensaje claro o una noticia que merezca la consideración de tal. Si fue el anuncio de una trashumancia por las comunidades autónomas para camuflar la entrevista bilateral con Torra en Barcelona, no hacía falta esa solemnidad: bastaba una comunicación de sus servicios de prensa. Si la novedad era anunciar una reforma del Código Penal, el señor Sánchez enseñó solo la puntita, porque el desarrollo de la insinuación correspondió después a su portavoz.

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El bueno, el guapo y el maquiavélico